El fenómeno de la precarización del trabajo -con o sin reforma laboral- que sufren innumerables personas dentro de un entorno de crisis económica repercute también en la niñez que pone en entredicho los derechos de los infantes plasmados en leyes y disposiciones nacionales e internacionales, como sucede en este municipio con un caso de dos niños que deambulan parte del día en un portal del centro de la ciudad mientras su madre trabaja.
En medio de la parafernalia, de la “cruda turística” derivada de las festividades por el Día de Muertos, donde las cifras oficiales por la afluencia de visitantes a la región lacustre enorgullecen a las autoridades, se dan casos en esta localidad que cuestionan que los beneficios económicos que trae consigo el turismo sean para todos los sectores sociales.En pleno centro de la ciudad, en el portal Juárez, dos infantes, desde hace por lo menos dos años, literalmente deambulan, “viven”, entre los comercios informales situados en ese lugar mientras su madre trabaja como recamarera en un hotel ubicado en el mismo sitio.
Se trata de una niña de 8 años y un pequeño de 6 años, quienes ante la necesidad que tiene su progenitora de trabajar pasan parte del día en medio del ajetreo comercial que se vive en dicho portal, atestado de comerciantes informales.
“Ya nos acostumbramos a verlos por aquí; van y viene de un comercio a otro, incluso ayudan a recoger los puestos de algunos comerciantes a cambio de algunas monedas, a veces comen con nosotros”, relata un expendedora de dicho portal.
Dicen algunos comerciantes que dichos niños si asisten a la escuela, pero en cuanto salen o no hay clases se la viven en ese lugar, ya con el comerciante que vende tortas, lentes, o ropa. “Nosotros los cuidamos, ya nos acostumbramos a ellos, incluso el niño ya me ve como su abuelo”, cuenta un vendedor.
“Seguramente la madre no tiene con quién dejarlos en el tiempo en que labora; los niños al parecer se sienten contentos, aunque en ocasiones, como son niños, quieren jugar, y pues aquí no lo pueden hacer como ellos quisieran”, dice una mujer que tiene un puesto de refrescos.
En ocasiones, “no los podemos atender porque estamos ocupados en nuestro negocio, por lo que seguido los vemos sentados en algún lugar del portal”, afirman los comerciantes que involuntariamente se han convertido en los protectores y cuidadores de los infantes, cuya madre-dicen-pasa horas para salir a ver dónde y cómo se encuentran los niños. “seguramente porque supone que aquí están seguros”.
“A mi francamente me da pena verlos así, sé que su madre gana poco, que no tiene manera de dejarlos en algún lugar donde puedan atenderlos como niños que son, se puede decir que muchos de nosotros los cuidamos, convivimos, jugamos y los tratamos bien, pero este lugar no es para ellos; en algún descuido les puede suceder algo”, refiere otro comerciante.