PERIODISTA PAKO MORA ALCARAZ
4 ENERO 2026.-Hubo un tiempo en que este edificio fue orgullo. En el siglo XIX, cuando Tacámbaro aprendía a mirarse en los espejos de Europa, el Edificio Fénix se alzó con dignidad neoclásica, afrancesado, elegante, seguro de su lugar en la historia. Hoy sigue de pie, sí, pero no vive. Sobre sus muros pesan el abandono, los grafitis que no dicen nada, las heces de paloma que nadie limpia, las puertas cansadas de resistir solas.
Las farolas ya no iluminan, como si también hubieran renunciado.
Las banderas nacionales, viejas y desgarradas, cuelgan de sus balcones como si también pidieran auxilio. No ondean: se rinden.
Duele verlo así porque no es solo un edificio lo que se cae: es la memoria, es la identidad, es el respeto por lo que nos explica quiénes somos. Un monumento histórico no pide lástima; exige conciencia. Los pueblos que cuidan sus tesoros arquitectónicos se cuidan a sí mismos. Los que los olvidan, se abandonan lentamente.
Tacámbaro es Pueblo Mágico, pero la magia también se marchita cuando la historia se deja sola. Y este silencio de piedra, hoy, nos señala a todos.
Un pueblo que protege su memoria es un pueblo justo, sabio, digno. Uno que la deja caer, pierde más que muros: pierde identidad, pierde respeto, pierde alma…

