28 de mayo del 2026.-Empecé a probar el alcohol desde una corta edad, al descubrir que me agradaba el sabor. Estaba muy sola en mi casa, pues mis padres salían a trabajar y me quedaba al cuidado de mis hermanos mayores. A causa de esa sensación de soledad, abandono y vacío, no le decía a nadie que yo me tomaba las botellas que había en el hogar.
Cuando llegó la adolescencia, empecé a beber por la gran necesidad de pertenecer. Estaba tan deseosa de ser reconocida, de ser parte de algo o de alguien, y el alcohol me daba esa sensación. A pesar de ser tan retraída, solitaria y llena de miedo, con la bebida me desinhibía de esos sentimientos y, en cambio, me sentía segura, alegre, valiente, sentía que ya no estaba sola. Mi manera de beber se descontroló sin que yo detectara que ya me estaba provocando problemas en el hogar con mis padres.
En la escuela y con la gente que me rodeaba, yo decía que cuando iba a dejar de beber cuando quisiera, pero muy en mi interior sabía que eso no pasaría. Fue muy doloroso admitir que necesitaba la ayuda de alguien que me comprendiera sin juzgarme por el hecho de ser mujer. Me sentía avergonzada, pero no sabía cómo pedir ayuda sin que me regañaran o me vieran con esa actitud de quienes ya no confían en mí, pues habían escuchado muchas veces mis promesas solemnes y no había sido capaz de cumplirlas.
Pero un día recibí el mensaje de que existían grupos de Alcohólicos Anónimos, donde me comprenderían sin juzgarme y me ayudarían. Así que un día atravesé esa puerta y encontré la esperanza de una nueva forma de vivir. Descubrí que yo también podía lograr tener una vida útil y feliz.
Edith G.
México Norte
Plenitud AA es una publicación de Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, A.C.

