LIC. ALFREDO CASTAÑEDA FLORES ANALISTA
5 SEPT. 2026.-El mexicano tristemente es un cobarde, las películas del llamado cine de oro solo sirvieron para auto engañarnos, porque todo eso es falso. Es ficción. La realidad es que salvo honrosas excepciones y por regiones del país, la cobardía está en el ADN de la mayoría de este enorme país.
Los charros son de Jalisco, o eso el cine quiso hacernos creer, y resulta que ese estado del bajío mexicano es el que más homosexuales produce, irónico, ¿no? Así resulta todo en este país de cuarta.
Si se encuentran algún incidente en la calle, accidente, disputa, riña o algo peor, lo primero que la mayoría hace es sacar el celular y comenzar a grabar lo que está sucediendo, pero nadie se mete a detener lo que esté ocurriendo. Las grabaciones quizás sirvan, pero de muy poco, lo que sí es necesario es detener lo demás. Porque la justicia mexicana no existe, no sirve para nada. O acaso, ¿hay alguien que tenga un final feliz de haber acudido al otrora ministerio público, hoy llamadas unidades integrales de la fiscalía estatal y sus titulares? Que haya sido atendido como corresponda y se le haya resarcido el daño, sea mediante la reparación monetaria o con prisión para los que lo afectaron.
Pocos, muy pocos, y es que esos lugares son ocupados como todos los demás cargos, puestos o encargos, por los recomendados de X o Y oscuro personaje y partido político en el poder, y por supuesto, la mayoría de esos sujetos carecen de la capacidad, probidad y experiencia necesarios. Solo son unas chambitas que necesitan un salario para poder subsistir. La estupidez manifiesta también es una fase de la corrupción, pero si todos son similares, no hay quien la combata. Estamos jodidos, mexicanos.
Así es la realidad de este país, destinado al fracaso. Tanto en el ámbito público como el privado las circunstancias son iguales, las mentes brillantes realizan sus propias actividades, pero no andan buscando empleo en esos sectores, se dedican a lo suyo y por supuesto, alcanzan el éxito, pero los mediocres, los que estudiaron pero iban pasando de grado dando tumbos, los que no tienen carisma, ni talento, esos terminan dando clases en las escuelas públicas y particulares, esos terminan incrustados en las dependencias públicas, disputando con otros iguales los salarios, esos son los que no saben, pero dicen que aprenden, los cínicos que dicen, no me den, pónganme donde hay, etcétera.
¿Lo dudas? Así de triste es la realidad de este país, en el que nos tocó vivir. Todo lo que vemos, pagamos y usamos, no funciona como debe ser. El teléfono falla, el internet más, la TV abierta por igual, la TV por cable también, las plataformas seguido lo hacen, fallas eléctricas, falta de agua potable, deficiente drenaje y alcantarillado, todo lo que me digas, amable lector, funciona de manera deficiente, y como pocos nos quejamos y de forma aislada, en lugar de corregirse, cada día todo está peor, pero eso sí, más caro.
Lo mismo ocurre en las dependencias públicas de los tres niveles de gobierno, empezando por los titulares, que ni estudios, ni perfil tienen para desempeñar los cargos de alcaldes, síndicos, regidores, diputados locales, diputados federales, gobernadores, senadores, presidente de la República, jefes de área, oficina, departamento, subdirectores, directores, oficiales mayores, subsecretarios y secretarios de despacho, todos tienen enormes deficiencias técnicas, de personalidad y perfil apropiado para desempeñar correctamente la función por la que están cobrando y por cierto, muy bien. Los usuarios, la ciudadanía somos los que sufrimos de las estupideces cometidas por estos sujetos carentes de talento, pero que no pasa nada, porque entre iguales se cubren, se tapan.
Cuantos delitos cometidos a lo largo y ancho de este país quedan impunes, (asaltos, robos, lesiones, etc.), porque los hoy llamados fiscales, integran mal y con las patas, las carpetas de investigación, entonces cuando llegan ante los jueces, que también siguen los mismos patrones anteriores y peor aún los nuevos que llegaron elegidos vía un acordeón, los sobornan los abogados, algo raro que suceda en este país, entonces los detenidos salen por la puerta grande, burlándose de las víctimas u ofendidos y del país en general. Salvo casos que les interesen a los políticos o por presiones de los medios de comunicación o algún sector fuerte del país, son resueltos, la mayoría, nunca. México es la sede de los delitos perfectos, muy pocos son resueltos.
Da tristeza vivir con miedo, porque, aunque somos mayoría los que actuamos de manera honesta y correcta, también son mayoría los cobardes que con cualquier comentario se asustan y dejan de seguir una causa justa, sea propia o en apoyo hacia algún familiar, amistad o conocido. Eso lo vemos y lo vivimos todos los días. Estamos rodeados de miedosos cobardes que se asustan con el tronido de un cuete, peor aun si es un disparo. ¿Dónde quedó el valor mexicano? Solamente en las películas de antaño, porque la realidad actual es todo lo contrario.
Solo apariencias. Así estamos, así somos y así vivimos. Rodeados de poca valentía. Urgidos, necesitados de valor, de blanquillos, de amígdalas (Hugo Sánchez dixit), de eggs, de producto de gallina, pavo o avestruz. Mientras tanto, seguimos siendo rehenes de las minorías que aprovechan la cobardía manifiesta de la mayoría de la población, y la estupidez de los empleados para quitarnos la paz mental y jugar con las emociones, sabedores de que no hay capacidad de reacción ni respuesta para detenerlos. Así es el país en el que nos tocó vivir.

