30 noviembre, 2021
ROTATIVO DIGITAL

Qué difícil es vivir…

Lic. Alfredo Castañeda Flores     ANALISTA

 

20 NOV. 2021.-Como en anteriores entregas he señalado, el ser humano es tan complejo en su forma de ser y ¿pensar?, lo que contribuye a que durante el tiempo que cada uno viva, sean mayores los errores que los aciertos, que se pase más espacio de vida enemistado, sufriendo o pasándola mal. Lo anterior porque los humanos así somos, damos más importancia a lo que no tiene importancia. Salvo algunos que sí deberían tener una mejor vida, pero que andan flotando por el mundo, conviviendo y viviendo  con gente equivocada y el resultado es el caos en el que vivimos.

 

El hombre, generalmente, se une, sea libremente o en matrimonio con quien le gusta física o sexualmente, con quien aparentemente, en la etapa del noviazgo, es similar a él, pero en realidad no se conocen, porque es literal, jamás se termina de conocer a una persona, aunque nos engañemos diciendo que sí.

 

Mientras no hay hijos, todo aparentemente va bien, aunque nunca faltan dificultades, pero, digamos, se van sobrellevando. Pero, desde que se embaraza la mujer, comienzan los problemas más fuertes, porque, el dinero ganado no alcanza para las nuevas necesidades. Una vez nacidos y creciendo, los problemas se van agudizando aún más, pero todo gira en torno al dinero, siempre el bendito dinero.

 

Cuando los hijos están en la adolescencia, todo se complica más. Ahora son con ellos, los disgustos más fuertes, porque ya tienen voz y decisión propia, aunque muchas veces equivocada, pero se tornan rebeldes, se molestan, (ahora tienen la piel muy delgada, de todo hacen un drama que deja huellas), se quieren o se van de la casa, a vivir con los abuelos, tíos, primos o parientes lejanos, regresando al poco tiempo a la casa paterna, mostrándose disciplinados unos días, pero después siguen los problemas, aunque ahora como la experiencia vivida fuera del hogar no fue placentera, ya no amenazan con volverse a ir. Pero utilizan otras “armas” para incomodar a los padres.

 

Los antiguos decían que los hijos eran una cruz pesada que los padres tenían que cargar el resto de sus vidas, y así sigue siendo y seguirá. Los padres, generalmente, buscamos, cuidar, proteger y amar a nuestros hijos, así mismo, queremos, con nuestra experiencia, hacerlos que caminen por el camino más limpio que ahora sabemos cuál es, evitándoles tantos detalles que nosotros sufrimos. Hay hijos pensantes que sí aceptan la opinión de un padre. Pero, la mayoría, no lo permiten, quieren tropezarse y después sufren.

 

Un padre (o madre) siempre está dispuesto a defender a sus hijos, de quien sea, incluso de la otra parte (de la madre o del padre, según sea el caso), de los profesores, de sus amigos, compañeros, de gente extraña, de cualquiera que les quiera o les haga daño. Pero no lo valoran, incluso, en ocasiones hasta se molestan porque los padres los protegen de esos seres que los agreden física o mentalmente. No se vale, eso es un duro golpe para un padre, que sus propios hijos les echen en cara la ayuda y protección que siempre y bajo cualquier circunstancia, están dispuestos a brindarles, con la única finalidad de que sean lo más felices posible, que no se aprovechen los demás de su ingenuidad, inocencia o poca experiencia en la vida.

 

Muchas veces, por la necesidad del trabajo, se dejan mucho tiempo sin presencia de alguno o ambos padres, al cuidado de algún familiar cercano o no, y cuando ya son más grandes, hasta se dejan solos en el hogar, pero un padre responsable, siempre está al pendiente de sus hijos. Y ese es otro reclamo de los hijos para con los padres, no reconocer el enorme esfuerzo que se hace por ellos.

 

Pocos seres nacen ricos, millonarios incluso, la mayoría tenemos que trabajar arduamente para alcanzar un futuro mejor, más holgado económicamente, lo que conlleva a alcanzar cierto grado de felicidad, muchos consideran al dinero algo malo, feo, pero es necesario en la cadena del bienestar, principalmente en beneficio de nuestros hijos, ellos son el motor de crecimiento personal, de pareja y por supuesto, familiar, para ellos se labora hasta el cansancio para poderles brindar una vida presente y futura, mejor que la que tuvimos. Un padre congruente, desea que sus descendientes, sean mejores que él, que estudien más y sufran menos, que sobresalgan de la medianía, que sean los número uno en la profesión o actividad que desempeñen y elijan para vivir. Nunca, pero nunca, se busca afectarlos en ningún detalle, sea pequeño o grande, al contrario, el amor infinito que se les profesa nos impide sentir cosas malas hacia ellos, aunque sean malagradecidos, ingratos (dirían otros), que no dimensionen el inmenso amor que a diario se les da, estén presentes o no, a pesar de todo, etcétera, se les ama, protege, cuida y desea lo mejor, porque son parte de nosotros, porque son el mejor regalo que cualquier ser humano puede recibir y lo único que se desea es su felicidad. A pesar de lo difícil que es vivir. ¡Sonríe!