24 julio, 2024
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Protección de las artesanías y productos endógenos

El modelo neoliberal impuesto desde los años ochentas ha procurado la privatización de los bienes nacionales como “medida” de desarrollo de la economía nacional; de igual manera el discurso de la atracción de inversión, la industrialización del campo y de los productos originales del pueblo de México son utilizados como la panacea para lograr desarrollos regionales y generar empleo.

Ese modelo ha dejado evidencia al pasar de los años, que solamente es un discurso bonito, pero que no es precisamente un potencializador de las economías locales y nacional, sino por el contrario, con la implementación de esa modelo económico, el campo y los productos de los pueblos originales se han abandonado, hoy los ejidos son campos de golf, centros comerciales, fraccionamientos privados o son expropiados y transformados en parques industriales que no generan la misma riqueza y cantidad de empleo que generaba el campo.

La privatización de los ejidos ha tenido como consecuencia la perdida de la soberanía alimentaria, viéndose obligado el país a importar alimentos; hoy el campesino migra a Estados Unidos de Norteamérica a ser jornalero en los campos agrícolas de esa nación vecina; de igual manera, en el caso de los productos originales o con fama ganada de los pueblos y culturas de México, son vistos por ese modelo como productos de exhibición, no se les reconoce el valor histórico, cultural y técnico, mucho menos se les reconoce los saberes y habilidades artesanales (capacidad intelectual) como un bien inmaterial, es decir, la artesanía no es vista como parte de la economía, mucho menos como un valor cultural, intelectual ni como sector generador de riqueza y empleo.

Al sector artesanal los neoliberales pretenden apoyarlos generando un falso valor agregado por medio de la industrialización de los proceso de elaboración bajo la lógica de generar mayor producción y con procesos unificadores de modelos que tengan como consecuencia obtener productos en serie e iguales, cuando las artesanías o productos artesanales son naturalmente diferentes porque expresan un momento, reflejan lo que el artesano en ese instante de elaboración siente y refleja de sus tradiciones y cultura, incluso cuando hace piezas por pedido, siempre se ven reflejadas esas tradiciones.

En México se inició un proceso de protección como medio de fortalecimiento de las economías y actividades endógenas de las diversas regiones del país. En Michoacán principalmente, del 2005 al 2011 se llevaron a cabo gestiones de protección de productos artesanales y agroalimentarios como los son, la Guitarra de Paracho, el Cobre Martillado de Santa Clara del Cobre, el Queso Cotija y el Mezcal michoacano, producto no endógenos los dos primero pero con fama gana y los dos últimos endógenos, recordando que en el caso del mezcal recién se obtuvo la denominación de origen después de seis años de lucha, y en el caso del segundo no ha logrado esa protección, pero ya fue reconocido en las normas oficiales mexicanas de productos lácteos como un producto artesanal.

La protección impulsada en Michoacán fue a través de la figura jurídica “Marcas Colectivas” establecida en la Ley de la Propiedad Industrial, mismas a las que de facto (no legal) se les intenta reconocer una indicación geográfica “Región de Origen”, sin embargo, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial en últimas fecha ha manifestado su oposición a continuar otorgando esa protección en esas condiciones.

En países europeos las indicaciones geográficas y las denominaciones de origen son las figuras jurídicas por las que se protege y se fortalece la economía local, en ese Continente los productos originales, agrícolas, agroalimentarios o las bebidas son salvaguardados y es precisamente la originalidad, la historia, cultura, la geografía, la técnica humana y los saberes como bien intelectual intangible lo que genera el verdadero valor del producto, no es la industrialización la herramienta potencializadora o generadora del valor agregado.

Pese a que existen tratados internacionales firmados por el estado mexicano en los que se reconoce la figura de indicación geográfica, la legislación nacional no la tiene regulada, pese a que es idónea para la gran mayoría de los productos artesanales o aquellos productos que nos son endógenos pero que la técnica humana, cultura, las condiciones geográficas de la zona de elaboración y los saberes le otorgan cualidades únicas y especiales, por tal razón se optó por la figura de la marca colectiva con la inclusión de facto del término Región de Origen.

La denominación de origen es la figura jurídica reconocida en la Ley de la Propiedad industrial para la protección de productos originales, es decir, es la forma de protección de los productos que son totalmente endógenos, debiéndose acreditar la zona geográfica, naturaleza, cultura, historia, la técnica humana y la materia prima; sin embargo, obtener una denominación de origen en México es demasiado complicado y no es visto por el propio gobierno federal como una herramienta económica, se deben presentar estudios técnicos, científicos, históricos y culturales que debe pagar el solicitante, lo cual inhibe la solicitud de este tipo de protección, por tal razón solamente existen once denominaciones de origen en el país.

Es de suma importancia contar con un análisis profundo sobre los productos del país susceptibles de ser protegidos por la indicación geográfica o la denominación de origen, es decir, contar con un documento que permita de manera sencilla y económica identificar a los productos que pudieran ser susceptibles de protección de indicación geográfica o denominación de origen.

Se deberá igualmente contar con un análisis jurídico para realizar las reformas legales necesarias para lograr una mejor protección y promoción de los productos mexicanos, pero además a esos saberes artesanales se les debe proteger y reconocer como un bien intangible tal y como sucede con el reconocimiento y protección de los derechos de autor que no protegen el bien material, protege el bien intelectual.