1 abril, 2026
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PASEO LÁZARO CÁRDENAS DE PATZCUARO, EN LUGAR DE AVENIDA

Daniel Márquez Melgoza
30 MARZO 2026.-Leí en su momento a don Bernardo Bátiz en un artículo que publicó en La Jornada el 1º. de diciembre de 2025, que tituló “La ciudad y los árboles”. Después de leerlo me dejó la idea de describir mi propia experiencia con los árboles.
Don Bernardo Bátiz describe una infancia pobre en árboles en su entorno familiar y social en la Ciudad de México, correspondiente a la década de los 40s del siglo pasado. Las avenidas y calles de la ciudad tenían pocos árboles. Para disfrutar la vida al amparo de árboles su padre los tenía que llevar a la Alameda o a Chapultepec. Hoy la ciudad de México cuenta con un arbolado urbano muy importante, además de contar con bosques y parques en distintos puntos de la ciudad.
Al parecer el arranque de la reforestación en grande se hizo a partir de 1970, de la mano del entonces Regente del Departamento del Distrito Federal, Octavio Sentíes. Lo deduzco por lo que narra don Bernardo, cuando él ya andaba en su treintena de años. Comenta una inexplicable crítica que el reconocido politólogo e historiador Daniel Cosío Villegas le hizo a la encomiable obra reforestadora del licenciado Octavio Sentíes: “Criticaba al entonces regente de la Ciudad de México, don Octavio Sentíes, por llenar las calles de los que don Daniel, no sin ironía, llamaba “los varejones de don Octavio”.
Me llamó la atención que don Bernardo Bátiz haya omitido la mención de los viveros de Coyoacán, verdadero pulmón de la ciudad, creación porfirista desde 1907, convertido en 1938 en Parque Nacional por el presidente Lázaro Cárdenas. Precisamente la función de dicho vivero fue la de producción de árboles para la reforestación de la Ciudad de México.
Al inicio de los 60s tuve la enorme fortuna de conocer los Viveros de Coyoacán. Y no sólo de conocerlos, sino también de trabajar ahí durante casi dos años, recorriéndolos a pie o en bicicleta en toda su extensión de casi 40 hectáreas. Mi afición por los árboles la había iniciado en mi pueblo natal, Parácuaro, Michoacán, siempre presentes desde mi propia casa y en todo el pueblo y sus campos en el rumbo que tomara de sus entornos.
Luego, avecindado en Pátzcuaro a partir de 1977, seguí bajo la presencia protectora de arbolados por aquí y por allá; en la Quinta Eréndira, del CREFAL, reforestada por el General Lázaro Cárdenas. Ahí, en plática con uno de los más antiguos jardineros, éste me dio una valiosa información: “El General “vistió” el cerro Blanco, en versión menos poética: el General reforestó el cerro Blanco. Por su lado, la Sra. Carolina Escudero viuda de Múgica comentaba una anécdota: Cuando el General veía desde lejos llegar una visita que en su momento le resultara incómoda, salía a recibirla con las siguientes palabras: “precisamente estaba por salir a plantar estos arbolitos, espero que me acompañen”. “No, gracias, sólo veníamos a saludarlo, mi General”, era la salida más socorrida de sus inesperadas o inoportunas visitas.
En uno de los molinos de arroz de mi pueblo, precisamente el que conoció y arrendó la familia de Dante Cusi en 1884, en aquel tiempo conocido como mortero El Cangrejo, luego en los 50s del siglo pasado, rebautizado como La Perla, su último dueño lo convirtió en casa de campo, y en medio de un frondoso jardín colocó un busto del General Cárdenas, con la siguiente leyenda: “Entre árboles, tus amigos”.
No está de más decir que de entrada me enamoré de la avenida Lázaro Cárdenas; por supuesto no de su vía rodante, sino de la cantidad de árboles que la acompañan a todo lo largo de su recorrido hasta las cercanías del centro de la ciudad. Al paso de los años fui descubriendo la pérdida de árboles por diversas causas y la construcción de socavones en medio de los árboles por acción de torrenciales corrientes que invadían la avenida durante la temporada de lluvias.
Esta observación me llevó a proponer en mi centro de trabajo, el Centro de Estudios Sociales y Ecológicos, CESE, un proyecto destinado a proteger el arbolado de la avenida Lázaro Cárdenas, el cual presentamos a la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno del Estado. Una vez que fue aprobado, promovimos la participación de estudiantes de los planteles de educación media superior. El proyecto se llamó Construcción de un voluntariado juvenil ambiental en Pátzcuaro, en el que participaron alumnos del CBTIS 94 y del CONALEP.
El proyecto tuvo su parte teórica, de la que se hizo cargo el compañero Joaquín Esteva Peralta y la práctica me correspondió, que implicó desarrollar un proyecto de campo, al que llamamos Rescate y dignificación del arbolado de la avenida Lázaro Cárdenas. Consistió en identificar qué especies de árboles componían la avenida y en cuantificarlos. De este trabajo resultó disponer de un inventario del arbolado y propuestas de solución a los problemas identificados.
Con esa información se elaboró un power point que el grupo de estudiantes le proyectó en su oficina al presidente municipal ingeniero Antonio García Velázquez, con la idea de que pudiera poner en práctica las recomendaciones. Tuvimos la satisfacción de que sí se llevaron a cabo algunas de las propuestas del proyecto. En una segunda versión del power point se incorporó una serie de fotografías que registraron los avances realizados por la administración del presidente García Velázquez.
Con el tiempo se ha ido autorizando la instalación de una variedad de tiendas y negocios de diverso tamaño en la avenida Lázaro Cárdenas, que han motivado el derribo de árboles y la necesidad de encementar las áreas de entrada a dichos negocios. Con ello cada vez se va restando la magia que ha sido característica de dicha avenida: su abigarrado entramado de árboles. Alarmado por ello, en 1917 le hice llegar al Cabildo del Ayuntamiento de Pátzcuaro una propuesta para que se ocuparan de hacer una declaratoria sobre el uso del suelo de la avenida Lázaro Cárdenas, a fin de que se defina a qué se deben dedicar los predios de su entorno en el futuro: si a casas habitación, al comercio, a la educación o a qué, antes de que se termine de distorsionar al cien por ciento lo que va quedando de ella por dejar todo al arbitrio personal de quienes van adquiriendo propiedades.
Recibimos de los creadores de la avenida Lázaro Cárdenas una obra urbana digna de agradecer, conservar, enriquecer y dignificar, y lo que hemos venido haciendo con ella ha sido permitir que vaya perdiendo los valores que la hacen una obra digna de conservar en su esencia original; en los hechos no parecemos agradecer la herencia, somos malos y hasta pésimos herederos, pues la venimos distorsionando y terminaremos por desfigurarla en su totalidad.
También he propuesto crear un patronato de la avenida Lázaro Cárdenas, integrado por los propietarios de casas y predios a su vera, que sean los más interesados en conservar y enriquecer su arbolado, y en la medida de lo posible cuidar que la arquitectura de estilo vernáculo vaya dando una idea al visitante de la arquitectura que encontrará en el centro histórico de la ciudad.
Y ahora pienso que sería positivo renombrar a la avenida Lázaro Cárdenas por Paseo Lázaro Cárdenas. Con este nombre estaremos invitando a los pobladores y a los visitantes de la ciudad a recrearse en caminatas bajo el arbolado de esta vía, para lo cual se puede comprobar que tiene previstas banquetas invitadoras a caminar y a correr; y bancas, absolutamente insuficientes, para descansar. Este renombramiento podría invitar a los propietarios a convertir en jardín el frente de sus propiedades para hacer más atractivos los paseos de los caminantes.