20 febrero, 2026
ROTATIVO DIGITAL

NARRATIVAS ENCONTRADAS ACERCA DE UNA GRAN OBRA DE INFRAESTRUCTURA EN EL CENTRO DE LA CIUDAD DE PÁTZCUARO: MERCADO MUNICIPAL Y PLAZA GERTRUDIS BOCANEGRA

Daniel Márquez Melgoza

3 enero 2026.-Pues bien, la narrativa de hoy de los patzcuarenses (no pátzcuarenses) en este arranque de año (2026) es que por fin contamos con un nuevo mercado municipal, que ha venido a terminar con el caos del comercio informal y ambulantaje en el centro histórico de la ciudad. Sé, y me consta, que existen otras narrativas, contrarias al ánimo de festejo que la mayoría en Pátzcuaro hacemos nuestro. Cada quien sabe a qué narrativas se suma. Son tiempos de libertad de expresión.

Por lo que a mí respecta, observo que el nuevo mercado ha sido un cambio radical para quienes han venido ejerciendo la actividad comercial en el área del centro de la ciudad; a la larga, los contratiempos sufridos por el cambio siempre serán menores frente a las ventajas para ellos mismos y los usuarios, que con el tiempo se vendrán reconociendo.

A propósito de reconocimientos, hay que agradecer a las autoridades del estado y del municipio, que se atrevieron a conjuntar voluntad política y recursos de ambos niveles de gobierno para realizar una obra necesaria que la ciudad y sus habitantes pedíamos a gritos, mínimo desde hace 30 años, tras el incendio del mercado de la explanada en marzo de 1995, pero aún desde mucho antes.

Una temporada de los ochentas del siglo pasado viví en las inmediaciones del área del viejo mercado municipal; y mi obligado contacto con el centro histórico de la ciudad debía hacerlo cruzando el corazón de toda esa área comercial. Lo disfruté y sufrí a la vez.

Hoy ya no es el tiempo de sufrir el caos que ahí se vivió durante décadas. Lo que hoy tenemos es una gran obra de infraestructura en proceso de ir afinando, perfeccionando, en la medida que unos y otros nos vamos apropiando de ella. Entre muchos, de inmediato yo me apropié de ella. Nunca antes me atreví a incursionar en el área de comidas del viejo mercado; su ambiente semi oscuro no me inspiraba limpieza ni higiene. Ahora que me significa una empinada excursión para llegar a la cima de las comidas, no regateo el esfuerzo físico.

A lo largo del tiempo he tenido serias desavenencias con decisiones de la clase política del gobierno estatal, y en particular moreliana, tendiente a ver a Pátzcuaro como su patio trasero. Lo de la inversión en la importante infraestructura del nuevo mercado municipal y en la restauración de la plaza Gertrudis Bocanegra, me reconcilian con ella, entendiendo de su parte que reconocen en Pátzcuaro una de las más importantes plazas turísticas del estado, que ameritaba una inversión como la que se acaba de hacer, que a tiempo que resolviera una gran necesidad socioeconómica de la ciudad, municipio y región, contribuyera a mejorar la imagen turística, lo cual empata con la política del programa de Pueblos Mágicos, así como con la voluntad política del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, de buscar el nombramiento de la Unesco a Pátzcuaro de Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, idea que venía haciendo pública desde que fue diputado local (2015-2018).

El primer artículo de mi libro publicado en 2002: “Pátzcuaro: se vende esta ciudad como terreno”, que titulé: “Primero voluntad y acciones locales, después reconocimientos externos”, publicado en La Voz de Michoacán (4 de julio de 1999), lo dediqué a criticar el sueño de diversos alcaldes de Pátzcuaro por buscar el mencionado reconocimiento de la Unesco, sin que esos deseos se correspondieran con acciones propias de respeto a los valores culturales que buscaban fueran reconocidos en el ámbito internacional. Cito: “De manera cíclica se viene haciendo pública la inquietud por que Pátzcuaro sea declarada Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, nombramiento que otorga la Unesco. La última mención pública que se hizo en los medios estatales fue en 1993; en semanas recientes ha vuelto a salir el tema en los medios escritos, entre ellos en La Voz de Michoacán.

Volviendo a las desavenencias con los gobiernos estatales, ¿de cuáles hablo?: 1, del robo a Pátzcuaro de su Museo de Arte Contemporáneo en 1988, que desde 1974 funcionaba en los Once Patios, bajo las salas Diego Rivera, Frida Kahlo, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, patrimonio artístico que pertenecía a esta ciudad y que de entonces para hoy, nadie sabe qué ha sido de las 120 obras pictóricas que lo integraban desde su creación. Ni el propio creador del Museo, el maestro Francisco Rodríguez Oñate, supo en su momento, ni nunca, del paradero de ese patrimonio arrebatado impunemente a nuestra ciudad; y 2, de la expropiación a Pátzcuaro del centro cultural Antiguo Colegio Jesuita, para el cual primero se tuvo que reconstruir el espacio encontrado en lamentable ruina, tras 26 años de exposición de una obra de adobe, sin techos, ante el elemento lluvia (1974-1990) y su conversión en área de paso para comunicar la colonia Colimillas con el centro de la ciudad.

La clase política cultural moreliana ha tenido habilidad para incrustarse en los gobiernos estatales para que éstos les respeten como su espacio vital la secretaría de Cultura. Desde esta instancia de gobierno en lugar de desarrollar una política de descentralización cultural, han venido imponiendo la contraria, la centralización, impidiendo cualquier desarrollo cultural propio en los municipios. Es el caso del robo del Museo de Arte Contemporáneo y la expropiación del centro cultural Antiguo Colegio Jesuita. Dos desarrollos culturales propios del municipio, dos desarrollos culturales arrebatados que facilitan desde la perspectiva moreliana no dejar de ver a nuestra ciudad como su patio trasero en materia de arte y cultura.

Prometo volver al tema de una de estas dos expropiaciones, luego de que se anunció una inversión millonaria para la “restauración integral” del Antiguo Colegio Jesuita. Nosotros, los del Patronato restaurador de este inmueble histórico, realizamos una restauración integral de un edificio en ruinas (1990-1994). La secretaría de Cultura recibió en diciembre de 2002 un edificio integralmente restaurado, como nuevo. ¿Acaso la secretaría de Cultura lo ha vuelto a arruinar en los 24 años que lleva de posesión para requerir una nueva restauración integral?