Hoy hablaré de las diferentes golosinas, comidas y bebidas que solíamos degustar en mi años de las infancias y adolescencias, muchas cosas que han caído en desuso, pero que en nuestros tiempos eran la delicias de chicos y grandes; iniciaré por las golosinas a propósito que hoy están en el banquillo de la Reforma Hacendaria, sobre todo las azucaradas, así que mis amigos…¡aquí les voy!
La Charamusca, que era muy común que las vendieran afuera de La Basílica, principalmente a la hora de la salida de misa del medio día, allí estaban los vendedores con su vitrina llena del delicioso manjar, y las había de canela, rellenas de coco, rellenas de cacahuate, aquellos como “palitos de colores”, verde, rojo, en fin había charamuscas de todos los precios y para todos los gustos. En los portales de las plazas era muy común encontrar a los añorados charamusqueros, que competían con los de Guanajuato y sus famosas “momias” de dulce.Los Merengues, ¡aquellos hermosos terrones de colores blanco, rosa, amarillos y blancos que vendían en las esquinas, parecían panes tiesos eran una verdadera experiencia darle un mordisco y sentirlos resolverse en nada en la boca de los degustantes, solo quedaba el dulce sabor y un lejano sabor a huevo, recuerdo al papá de mis cuates “El Chiripato”, “El Mocho” y “El Piojo”, recientemente fallecido, dicho señor se dedicó a la elaboración y venta de merengues, de allí que se ganó el mote de “El Merengue” que paseó toda su vida hasta que Dios lo llamó a su presencia.
El Ponteduro, maíz seco tostado y rebozado de panocha (piloncillo); esta golosina era común que nos la dieran en los aguinaldos de las tradicionales posadas, acompañados de las dulcísimas “colaciones” rellenas de una semillita de cilantro y los inefables huevitos con un cacahuate en su centro, pero cuando los centavos escaseaban o el que los obsequiaba “era codichi”, ni modo, le tupíamos duro, pues el aguinaldito tenía puro “ponteduro”.
EL Pirulí, un hermoso dulce de figura cónica con su palito y envuelto en papel celofán, de vivos colores transparentes rojo, verde, amarillo… había de todos tamaños y precios, era muy común su venta en las “Tienditas de las escuelas”, como también común era comprarlas al fin de la hora del recreo para pasársela uno chupando en el desarrollo de las clases; si bien nos iba, alcanzaba hasta para la hora de la salida.
Caña de Quiote, mezcal y jamás, estos deliciosos derivados del maguey los vendían, por las calles de nuestro mágico pueblo, hombres que provenían de la sierra, con su vestir muy peculiar y cargando en un “guangoche” un descomunal quimil, pregonando su producto a voz en cuello, para asegurar a su clientela ofrecían la famosa “preba” ¡ah! ¡cómo le gustaba a la gente masticar hasta dejar seco el “gabazo” de esta ricura!, aparte de dulzón tenía un sabor extraordinario.
En cuanto a las bebidas hablaré solo de algunas de las muchas que han caído en desuso e iniciaré con la digestiva, refrescante y muy sabrosa GARAPIÑADA, líquido elaborado a través de algún proceso de la fermentación de piña y azúcar que envasaban en botellitas de la cerveza Corona en su tamaño de ampolletitas, varias familias patzcurenses la elaboraban, pero yo recuerdo a don Heliodoro Melgarejo y posteriormente a su hijo el Dr. Gerardo Melgarejo (qepd), de quien pudiera asegurar que, producto de esta actividad, costeó su carrera de medicina.
Agua de Chía, era muy común tomar agua de chía como bebida refrescante, preferentemente combinada con jugo de limón, su textura en el paladar apreciaba una sensación agradable y más si estaba fría… en los tiempos de calor era un verdadera delicia, en la actualidad ya casi no se vende agua de chía, pero es muy recomendable el consumir la semilla, investigaciones han arrojado que contiene el famoso omega 3, mucha gente la usa en tratamiento para bajar de peso y curar diferentes males.
EL Charape, bebida que muy fermentada tiene propiedades alcohólicas, esta era muy común que la vendieran en las fiestas patronales de los barrios y las colonias como en la festividades de nuestra Señora de los Dolores en el templo del Calvario. En las fiestas de San Lázaro en el Templo del Humilladero; en la Colonia San Lázaro con motivo de las celebraciones de la virgen de Fátima, así como en la Ascensión.
Y en cuanto a las comidas: He aquí solo algunos ejemplos:
El Chicharrón de Res. Que vendían en algunas carnicerías y que era consumido por las familias patzcuarenses, preparada ya en salsa de jitomate o tomate, chile mulato, pasilla etc… Este producto era más barato que el de puerco, por lo que se entiende que los principales consumidores eran familias humildes, pero que también hacían las delicias en las casas de los pudientes.
La salsa de TINGÜIRIQUE, una frutilla silvestre de que se da en el cerro. Color naranja que, cocida con chiles serranos y molida en molcajete con jugado de naranja agria, se convierte en un delicioso acompañante de un “Tasajo” asado y una tortilla inflada recién salida del comal.
Las toqueras, gorditas elaborados a base de elote sazón o seco, es un bocadillo de temporada algo distinto a las toqueras de tierra caliente que se acompañan de requesón, crema y salsa, las de aquí se acostumbran en estas temporadas únicamente y se acompañan con un buen vaso de leche de vaca, de champurrado o una taza de aromático y burbujeante chocolate con leche y las hay de maíz blanco y pinto.
En otra ocasión le sigo con esto de los alimentos, bebidas y golosinas que ya casi no se usan…
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