Lic. Alfredo Castañeda Flores ANALISTA
22 MARZO 2024.-Somos una raza, aunque mezclada como todas, rara, extraña, que para ningún país del mundo somos un buen ejemplo a seguir, al contrario, la gente común y corriente, la que vive como cualquiera de nosotros, en cualquier rincón del orbe, nos huyen, nos sacan la vuelta y es por lo que los paisanos hacen en otros países, creyendo que están en México, además por los extranjeros que por X o Y razón o circunstancia llegan al país, sea como turistas, trabajo o necesidad.
Ellos son los primeros en recibir un trato pésimo de los nacionales. No entiendo ese tipo de gente, que abusa y maltrata a los demás, peor si son foráneos. Por supuesto que, en los demás países, la gente que presta sus servicios en hoteles, restaurantes, servicio público, etcétera, no dice lo que piensa o ve, porque están recibiendo divisas, por la visita a cualquiera de sus naciones, donde se dice la verdad es saliendo a las calles, hablando con la gente de a pie, esa que no necesita de nuestro dinero para vivir. Ahí es donde se conoce la realidad.
Pero no hay que ir tan lejos para darse cuenta de lo pésimo que somos como individuos, lo vivimos a diario en cualquier acción, trámite o negocio que realicemos, los empleados, en su mayoría, aunque también hay dueños de negocios que lo hacen y por eso no crecen, atienden a la clientela, según su propio estado de ánimo, olvidándose de que, gracias a ese empleo, por menor o insignificante, dicen ellos, que sea, están recibiendo un salario fijo, para vivir solos o en familia. Que, conociéndonos, la gran mayoría tiene que mantenerse y mantener a otro (s), porque hay muchos casos de paternidad o maternidad prematura, alejándolos de la educación escolarizada. Y otros tienen que mantener, indebidamente, a los padres. Pero esa es otra historia.
Lo preocupante es como, conforme avanza el tiempo, que estamos viviendo, donde la apatía, las mentiras, la sinrazón, de las autoridades, por conservar el poder, han afectado demasiado, todo lo que hay y se mueve en el país. De por sí el mexicano no es alguien respetuoso y honesto, solo está esperando el mínimo error o detalle, para dejar de cumplir las reglas, para tomar las cosas que no son de ellos. Y viendo como están las cosas, donde cualquier acción que afecte al gobernante en turno y sus testaferros sin decisión propia, lo minimizan, lo niegan, culpan al pasado, lo esconden con distractores que siempre tienen listos para ello, donde, para no perder adeptos, no se aplican las leyes, decretos ni reglamentos, donde las minorías afectan a la mayoría, que, también tiene culpa, por no discutir, por no perder tiempo, y un sinnúmero de excusas, pero no se defiende de esos parásitos que solo andan buscando a quien perjudicar. La apatía también perjudica el desarrollo de la sociedad, y lo somos.
Pues bien, amable lector, a cualquier oficina pública que acudas, salvo honrosas excepciones, sea de cualquiera de los tres niveles de gobierno, encuentras a gente que no soluciona, que al contrario entorpece y retrasa los trámites respectivos, lo mismo ocurre por teléfono, TODOS (AS) atienden según su estado de ánimo. No valoran que, sin clientes, no hay dinero circulante y por lo mismo, hay pobreza y necesidad. Así es, si vas a realizar el servicio que sea, y quien atiende te pide ciertos requisitos, cuando regresas, creyendo que los llevas completos, el que ahora te recibe, te pide otros distintos, algo tan frecuente y común, no hay congruencia, ni un seguimiento y aunque esté a un lado, el que te atendió antes, finge no recordarte, porque son una bola de mediocres buenos para nada, que están ahí, por que se necesitaba cierto número de empleados, por herencia de la plaza, por haberla comprado, por amiguismos, compadrazgos, relaciones de cualquier tipo, pero te aseguro, que pocas veces por capacidad. La mayoría de los empleados públicos, carecen de estudios, todos dejaron la primaria, secundaria o bachillerato trunco, aunque se digan licenciados, ingenieros y señoritas. Vaya mediocridad.
El área privada es igual o incluso peor, porque funcionan bien los negocios pequeños, donde el dueño o dueños, están al pendiente del funcionamiento, pero cuando empiezan a delegar en los empleados, todo se vuelve un caos, claro que venden, pero, si lo hicieran correctamente, venderían más. Como dije antes, el mexicano solo está esperando el mínimo error para hacer las cosas mal. Y a raíz de la pandemia, se les dio mucho auge a las ventas en línea, al crecimiento y nacimiento de paqueterías de envíos, y como somos expertos en la tranza, fraudes y la corrupción, eso abundó. Y continúa. A demasiada gente, nacional y extranjera, se les afectó con eso.
Pagaban mercancías que jamás llegaron, llamaban por teléfono y solo les decían cualquier estupidez, pero nunca les devolvieron lo invertido. Como nos manipularon, que no se podía salir, que el COVID inventado era mortal, la gente no podía defenderse, acudiendo a las direcciones físicas. Y la dependencia encargada de la defensa del consumidor, durmiendo el sueño de los justos. Por lo que todo eso, se incrementó, hasta la actualidad, que aun cuando ya todo está funcionando como antes, aun se siguen ofreciendo ventas por paquetería y los fraudes en aumento.
Además de provocar la ira, enojo, tristeza y más de los clientes, porque aunque si les llegue la mercancía adquirida, les tarda demasiado tiempo, esto por culpa de ambas partes, la tienda donde se adquirió, porque cuando se les indica que tal día van a pasar a recoger el paquete, la empresa encargada para ello, porque se pueden adquirir guías de envío prepagadas, porque la gente quiere vender, pero no saben, no pueden o no quieren hacerse responsables de enviar lo adquirido, clásico de mentalidades pequeñas, de esas que abundan en México, y que aunado a otros vicios, les impide un mayor crecimiento, no lo tienen listo, por lo que ya se perdió un día para recibirla. Teniendo que volverse a iniciar el trámite de solicitar la recolección, hasta que por fin la recogen. Por otro lado, los empleados de las paqueterías, como saben cómo somos, no pasan, pero reportan que no tenían el envió listo, y más tiempo perdido, pero aun cuando todo lo hagan bien, la empresa entregue y la paquetería reciba, los empleados del negocio de fletes que residen en el lugar de entrega, si es grande, y/o pesado él envió, no lo llevan al domicilio, o si de plano no quieren trabajar ese día, no entregan nada, procediendo a devolverse el paquete, a la dirección donde lo recogieron, señalando que esa dirección no existe. Como ellos, trabajen o no, tienen su salario seguro, solo con asistir, no les importa afectar a su propia empresa, al cliente y al negocio que los contrató. Porque hacer una devolución, también es cargo extra para la paquetería sin cargo alguno, porque cuando eso sucede, se tiene que devolver el dinero al que adquirió la guía prepagada. Y eso los imbéciles empleados no lo analizan.
¿A quién se acude en esos casos?, en las paqueterías, como el dueño no está ahí, porque es imposible, al tener varias sucursales en el país, se les llama por teléfono y el que recibe la queja protege a los demás, porque así son todos de irresponsables, dicen que lo verán, como hace el gobierno, y siguen sucediendo los mismos errores.
Lo mismo sucede en las empresas del tipo que sean, los dueños no están ahí, o si lo llegan a estar, delegan el uso del teléfono a los empleados y no les hacen saber de las quejas múltiples que reciben, porque se protegen entre iguales, flojos irresponsables, protegen a otros similares. Sé que es difícil y cansado que el dueño haga todo, por eso necesita empleados en distintas áreas, pero el error está en esa gente que no aprecia su empleo, que carece de valores, que, al contrario, pese a que les están matando el hambre con un salario, envidian a los patrones, jefes y dueños de negocios, y están buscando que en cualquier momento tengan problemas, por las equivocaciones normales, pero en su mayoría, provocadas por ellos para hacerlos perder dinero y disminuir sus ganancias.
Eso, inteligente lector, en ningún otro país del orbe se ve, o si lo hacen no es tan frecuentemente. El mexicano es malagradecido por naturaleza, entre otras cosas, por eso el famoso cuento del barril de cangrejos. En lugar de apoyarnos, nos metemos zancadilla, no les alcanza su menuda mente para reflexionar, que si a unos les va bien, por inercia a todos nos irá igual, que si hacemos las cosas lo mejor posible, poco a poco creceremos como nación. El mexicano, mayoritariamente, se siente merecedor de todo, cree que la vida les debe algo, que tienen que ser ayudados, apoyados, sin que tengan que realizar el menor esfuerzo, y desafortunadamente, este sexenio para manipularlos, eso les hace creer, retrocediendo el país, lo que en décadas se había logrado, que no era mucho, pero que en este periodo presidencial se vino abajo, porque esa es la verdadera imagen de los mexicanos aquí, y en el extranjero. Si que estamos mal cada día. Es necesario reiniciar y cambiar, para bien de uno, de nuestra familia y de nuestro país.