4 marzo, 2024
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Mensajes Divinos Desde La Nueva Jerusalén

Nueva Jerusalén, Mpio de Turicato, Michoacán.

A 4 de enero del 2007.

Habla el Bienaventurado Oscar Garibaldi a Don Agapito Gómez:

Oscar: Vamos a hablar unas cosas muy importantes. Te voy a decir lo que soñó nuestro Señor Obispo Nabor Cárdenas; estaba entre dormido y recuerdo y oyó que una viejecita le estaba cantando una alabancita o una estrofa de una alabancita, diciéndole lo que es nuestro Señor Obispo.

Te voy a decir, por todos los sufrimientos y cruces que le cargan a nuestro Señor Obispo, sobre su ansiedad, entre más, va a tener mucha más santidad y más revelaciones enseguida. Inspiraciones y revelaciones entre más, más.

También aquella revelación, que estaba como entre durmiendo y también; oyó una voz donde le decía: que ya muy pronto se va a acabar todo, y es muy cierto, bien verdad, que pronto, no será hoy o mañana u otro día o este año, pero el tiempo y la hora se va a llegar de que todo se va a perder y se va a acabar. Cuando principie lo que ya está pronto para principiar, se van a acabar empresas, fuentes de trabajo en todo el mundo. En las carreteras y en los metros, muchas cosas grandes se van a acabar. Mucha gente en todos los países no va a hallar trabajo, no; va a ser una grande calamidad. Hasta los tráficos de carros se van a acabar, las gasolineras se van a acabar, por eso se va a acabar el tráfico de camiones. Y se van a acabar también los traficantes; todo se va a ir acabando.

Hasta la gente pobre va a morir de hambre, de necesidad. Bastantes por sus sufrimientos no se van a condenar, van a caer en el purgatorio un poco de tiempo. Los que sí van a sufrir, los ricos, millonarios y multimillonarios, que en toda su vida han atesorado mucho dinero y lo tienen en los bancos. Una cosa te voy a decir muy grande: cuando cierren los bancos de donde hay mucho dinero de los ricos, se van a cerrar de un jalón, de un día para otro ya no van a poder ni sacar su dinero, los que han atesorado mucho dinero; nada más les va a quedar el que traigan en la bolsa. Y aunque lo tuvieran todo en mano, en baules o donde pudieran, pero cuando se llegue la mera hora, su mismo dinero los va a quemar. Aquí en la tierra todavía es más el castigo que mi Padre les va a poner a cada alma de aquellos ricos, porque nadie sabe ni el día ni la hora. (Primera de dos partes).

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