24 julio, 2024
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Los monolitos vecinos a Stonehenge

Quien haya visitado el monumento megalítico de Stonehenge, entre las suaves colinas del suroeste de Inglaterra, seguramente apenas habrá podido imaginar los tesoros arqueológicos que se esconden bajo esas verdes praderas, donde pastan ovejas y vacas.

Los coches aún pasan a toda velocidad por la carretera A345, muy cerca del lugar donde un equipo de arqueólogos ha dado con un espectacular hallazgo recientemente dado a conocer: la existencia, bajo tierra, de otro conjunto de gigantescos monolitos que dataría de hace unos 4,500 años, con lo que sería incluso anterior al mismísimo Stonehenge. Se encuentra en un área cercana a éste conocida como Durrington Walls, un asentamiento de en torno al año 2,600 antes de Cristo y cinco veces mayor que su famoso vecino.

“Este descubrimiento es algo absolutamente nuevo, de una dimensión totalmente distinta”, afirma el director del instituto vienés Ludwig Boltzmann, Wolfgang Neubauer.

La institución colabora con varias universidades británicas en el proyecto “Hidden Landscapes”, que busca desenterrar los tesoros ocultos bajo el área declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

A unos tres kilómetros de Stonehenge, los investigadores encontraron unas 90 piedras enterradas, algunas de las cuales aún estaban en pie y medían hasta cuatro metros de altura. “Llevaban milenios ocultas, pero los arqueólogos pudieron detectarlas gracias a la más moderna tecnología, sin tener que excavar”, señalaron al presentar el hallazgo.

La aplicación de los más modernos sistemas de medición y la última tecnología en radares y teledetección permitió investigar en “áreas enteras” en lugar de sólo lugares puntuales.

“Medimos todo, donde hay algo y donde no”, explica Neubauer. “Y esta técnica revolucionaria nos permite visualizar un subsuelo virtual en el que podemos excavar virtualmente”, añade.

De los aproximadamente 90 monolitos dispuestos “en fila”, unos 30 se encuentran totalmente intactos. Muchos parecen intencionadamente remodelados o enterrados. Según Neubauer, los “huecos” en la fila de piedras apuntan a que estos colosos de hasta 25 toneladas de peso pudieron ser utilizados, tras su correspondiente “remodelación”, para la construcción del mismo Stonehenge.

“Faltan tantos que se podría haber construido tranquilamente un Stonehenge con ellos”, sostiene. Esto tendría “mucho más sentido” que las teorías existentes hasta la fecha, que señalan que los monolitos fueron trasladados desde distancias de hasta 40 kilómetros hasta el famoso imán turístico cercano a Salisbury.

Quien haya visitado el monumento megalítico de Stonehenge, entre las suaves colinas del suroeste de Inglaterra, seguramente apenas habrá podido imaginar los tesoros arqueológicos que se esconden bajo esas verdes praderas donde pastan ovejas y vacas.

Los coches aún pasan a toda velocidad por la carretera A345, muy cerca del lugar donde un equipo de arqueólogos ha dado con un espectacular hallazgo recientemente dado a conocer: la existencia, bajo tierra, de otro conjunto de gigantescos monolitos que dataría de hace unos 4,500 años, con lo que sería incluso anterior al mismísimo Stonehenge. Se encuentra en un área cercana a éste conocida como Durrington Walls, un asentamiento de en torno al año 2,600 antes de Cristo y cinco veces mayor que su famoso vecino.

“Este descubrimiento es algo absolutamente nuevo, de una dimensión totalmente distinta”, afirma el director del instituto vienés Ludwig Boltzmann, Wolfgang Neubauer. La institución colabora con varias universidades británicas en el proyecto “Hidden Landscapes”, que busca desenterrar los tesoros ocultos bajo el área declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

A unos tres kilómetros de Stonehenge, los investigadores encontraron unas 90 piedras enterradas, algunas de las cuales aún estaban en pie y medían hasta cuatro metros de altura. “Llevaban milenios ocultas, pero los arqueólogos pudieron detectarlas gracias a la más moderna tecnología, sin tener que excavar”, señalaron al presentar el hallazgo.

La aplicación de los más modernos sistemas de medición y la última tecnología en radares y teledetección permitió investigar en “áreas enteras” en lugar de sólo lugares puntuales.

“Medimos todo, donde hay algo y donde no”, explica Neubauer. “Y esta técnica revolucionaria nos permite visualizar un subsuelo virtual en el que podemos excavar virtualmente”, añade.

De los aproximadamente 90 monolitos dispuestos “en fila”, unos 30 se encuentran totalmente intactos. Muchos parecen intencionadamente remodelados o enterrados. Según Neubauer, los “huecos” en la fila de piedras apuntan a que estos colosos de hasta 25 toneladas de peso pudieron ser utilizados, tras su correspondiente “remodelación”, para la construcción del mismo Stonehenge.

“Faltan tantos que se podría haber construido tranquilamente un Stonehenge con ellos”, sostiene. Esto tendría “mucho más sentido” que las teorías existentes hasta la fecha, que señalan que los monolitos fueron trasladados desde distancias de hasta 40 kilómetros hasta el famoso imán turístico cercano a Salisbury.

No obstante, pese a que se trata de un descubrimiento histórico, éste sigue sin despejar los interrogantes sobre el origen de las piedras y su uso y significado como monumento ritual. “El paisaje ha sufrido cambios profundos que no comprendemos”, afirma por su parte el profesor Vince Gaffney, de la Universidad de Bradford. En su opinión, las formaciones de piedra recién descubiertas se asemejan a una catedral.

Neubauer apunta que, al igual que antes, serán necesarias muchas horas de trabajo para averiguar definitivamente con el sentido de estos círculos de piedra neolíticos. Actualmente esta es una cuestión “sobre la que sólo podemos especular”, añade. Eso sí, sostiene que al término de las investigaciones se arrojará nueva luz. “En cualquier caso, vamos a reescribir la historia de Stonehenge”.