17 agosto, 2026
ROTATIVO DIGITAL

Ladrones de todo…

LIC. ALFREDO CASTAÑEDA FLORES     ANALISTA

16 AGOSTO 2026.-La pobreza mental y económica, la ignorancia y principalmente la estupidez humana en México, propicia innumerables conductas tipificadas como delitos. Una gente tatuada, según el tamaño y cantidad de ellos, no resulta para nada confiable, eso no tiene discusión alguna, pero obviamente los que lo están defienden lo indefendible de sus acciones.

Un tatuado, sea hombre o mujer, poca diferencia existe entre ambos, comienza desde ser alcohólico, en la actualidad, muchos lo hacen directamente con sustancias sicotrópicas y demás. Con eso se embrutecen y comienzan los problemas serios, reales. La mayoría, agarra valentía, se sienten poderosos, invencibles, que todo lo pueden y realizan poco a poco, acciones delictivas, que van desde riñas, peleas entre ellos mismos, asaltos a transeúntes, a pequeños negocios, robos a casa-habitación, etcétera. según el tamaño del entorno es el tamaño de sus acciones, pero por insignificante que ellos lo vean, todas, le roban la tranquilidad a quien o quienes las sufren.

Los delincuentes, por supuesto, siempre van a minimizar lo que hacen, pero sicológicamente no es así. Claro que también los hay sin tatuajes, pero son cada vez más raros y escasos. Como también ese tipo de gente es holgazana, que no se le enseñó a trabajar para ganarse el pan que se comen, porque algunos tuvieron esa misma escuela en sus padres o abuelos, se acostumbran a delinquir para obtener dinero “fácil” afectando a los demás que sí hacen las cosas correctas. Comienzan poco a poco y de poca monta, pero si se sienten protegidos, que es lo más frecuente y común, van escalando en sus fechorías y conductas ilícitas.

Para algunos no es un secreto, que, en los poblados y municipios, las propias autoridades los protegen, incluso los reclutan y los organizan para cometer innumerables acciones delictivas, protegiéndolos cuando son descubiertos y por lo mismo, desechándolos cuando ya no les resultan útiles, sea dejándolos encerrados en la cárcel o incluso asesinándolos o dejando que otros lo hagan. Eso es algo tan frecuente y común, y más en la actualidad que han salido tantos servidores públicos acusados de esto y cosas peores. Tristemente así operan, en complicidad, autoridades y delincuentes. Por eso estamos los ciudadanos solos, desamparados.

Otro detalle característico de esos tipos es el de andar en motocicletas que sacan en abonos chiquitos, que no terminan de pagar, pero que por supuesto les sirven para delinquir. Así es más fácil para ellos, el estarse moviendo por el lugar que sea, a distintas horas del día para observar casas solas, o por quienes son habitadas, que ciertas horas del día, los dueños salen a realizar sus actividades laborales o de recreación y se quedan solas, etcétera, para ir tomando nota y después dar el golpe.

Es una realidad que durante los casi ocho meses que van de este año, en la mayoría del territorio nacional se han incrementado los delitos, aunque las cifras oficiales digan lo contrario, hablar es fácil, se puede decir milagro y medio, pero la verdad es completamente diferente y muchos lo vemos, lo hemos sentido en carne propia. Eso pasa en la mente disfuncional de los mediocres, como ven que la justicia cada día está más relajada y principalmente, alejada de la gente que vive honestamente, su ego crece y hacen cosas más grandes o lo hacen más frecuente, porque saben que raramente les harán algo, y acertaste, amable lector, así ocurre.

Porque acudir a las fiscalías de los estados es un dar y dar vueltas, sin grandes avances, es desesperante y cansado, aunque se tengan todas las pruebas en la mano, los pelos de la burra, diría la filosofía popular, buscada por los propios afectados, no hay la voluntad, ni la intención de resolver X o Y caso, se necesita ser familiar o amigo cercano de algún funcionario público de nivel, para que se mueva el largo brazo de la ley. Que poca monja.

Así estamos cada día más que pasa, siendo los ciudadanos trabajadores, rectos, rehenes de los delincuentes que son minoría, pero protegidos por alguien, que seguramente obtiene algunos beneficios haciéndolo. También, un dato a tomar en cuenta, es que siempre el autor intelectual, el chismoso que sin querer habla de más, muchas veces sin esa intención, es un conocido, muy cercano a las víctimas, por eso es tan importante saber a quien se le permite la entrada al hogar, a quien se le cuentan los detalles que parecen insignificantes, como los horarios de salida y entrada del dueño, si se queda sola la casa, quien se queda, cuantos viven ahí, quien entra, quien sale,  si se tienen bienes o dinero guardado.

En fin, porque hasta un albañil, fontanero, técnico o de cualquier oficio que ingresa a la casa, es un riesgo potencial, no por él, porque si hay muchos de esos sujetos que son honestos, pero sí, porque sueltan la lengua con una facilidad. Si alguien les pregunta sobre determinada familia o dirección, se sueltan contando más de lo debido, esa es la triste realidad de ese tipo de trabajadores eventuales. Intentan impresionar a los nuevos jefes o patrones, contando de trabajos realizados en otros lugares, sobre todo resulta peligroso, cuando es en lugares pequeños, donde casi todos se conocen. Ahí es más fácil que llegue la información a los oídos de los delincuentes que roban bienes materiales y dinero, pero principalmente, roban la tranquilidad de las víctimas afectadas, porque se vive con la zozobra de que pasará en los próximos días, semanas, meses o años. Lo que provoca algunos malestares físicos y emocionales, que pueden traer diferentes consecuencias.

Esto varía, dependiendo del nivel y grado de pobreza e ignorancia, porque afortunadamente hay poblados donde todo es agradable, pero la mayoría, por zonas, no. Entre más jodidos y viciosos son, peores conductas realizan.

¿Qué podemos hacer? Muchas cosas, pero la realidad es que no le importamos a los de junto, mucho menos a los que viven junto y están a un lado de nuestra casa, empleo o negocio, porque hay gente que cuántas veces ven algo raro, incluso hasta que están pasando cosas, y nadie se mete, nadie hace nada, México es un país de cobardes, que solo aparentan valor cuando están hablando, otros, cuando tienen adentro de su cuerpo alcohol o alguna sustancia tóxica que además de que los apendeja cada vez más, los hace envalentonarse, pero una vez pasado el efecto, regresan a su real nivel de mediocridad y cobardía. Pocos somos los que si actuamos para evitar o detener alguna acción que está perjudicando a otro ser humano. La mayoría, prefiere huir cobardemente. Así es de triste, la situación actual en el país que nos tocó vivir. Estamos a expensas de las minorías, en el ámbito que sea, por vivir con miedo, por no tener el valor suficiente para cambiar nuestra forma de ser y pensar. El miedo mata, pero la ignorancia y la apatía más.