3 abril, 2025
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La Revolución Mexicana… que nunca llegó…

El 20 de noviembre de 1910, el pueblo se subleva contra Porfirio Díaz e inicia formalmente la Revolución Mexicana; seis meses después, o sea en mayo de 1911, renunció y fue condenado al destierro a pesar de haber auspiciado un crecimiento económico sin precedentes a través de una apertura indiscriminada de nuestras fronteras a empresas transnacionales y de un fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos y Europa.

Provocó, paralelamente, una concentración humillante de la riqueza nacional, pues se trataba ni más ni menos de lo que en plata pura se llama NEOLIBERALISMO que fue, es y será la semilla que germina las más profundas desigualdades sociales, si es que no va implícito el otro desarrollo – el político- a través del fortalecimiento de la democracia participativa.

 

Como en toda dictadura, la prosperidad de unos cuantos se refleja en la miseria de la mayoría, estas contradicciones sociales alcanzaron el grado de escándalo y el progreso material iba de la mano de la desigualdad económica; los despojos de tierras y otras linduras del general se escribían con tinta de represión, autoritarismo, cárcel o muerte, en cada uno de sus actos tomaba vigencia la frase que lo hizo célebre de “mátalos en caliente”.

Era tanta la soberbia de Díaz que se sentía amo y dueño de la vida de los mexicanos pobres (en ese tiempo 15 millones) y solamente brindaba privilegios a una pequeña oligarquía burguesa; pero como no hay más ciego que el que no quiere ver, don Porfirio nunca prestó atención a voces equilibradas como la de don Justo Sierra cuando le decía después de 7 reelecciones que, “de seguir así, podría significar la destrucción de su obra”, y así fue; tuvieron que morir más de 1 millón de mexicanos para que pudiera entender que México ya no lo quería. En realidad, tanto poder acumulado en una sola persona puede convertirse en enfermedad terminal.

¿Cuáles son los saldos de esta revolución? A juzgar por la importancia histórica que conocemos, se pensaría que fueron muchos y muy positivos para los mexicanos. ¿Pero es del todo cierto? Debo decir que no, y puedo fundar mis razones que sustentaré en nuestra propia historia.

Madero, que se había consolidado como un gran líder nacional en cuyas espaldas yacía la esperanza de los mexicanos para terminar con las tentaciones de las dictaduras porfirista, ganó la presidencia por voto popular con la bandera de “sufragio efectivo no reelección”, pero fue traicionado por Victoriano Huerta y asesinado junto a su vicepresidente José María Pino Suárez el 22 de febrero de 1913, este hecho sangriento truncó el avance de la Revolución y permitió el arribo del primer usurpador del siglo XX a la primera magistratura: don Victoriano Huerta se encaramó al poder a la mala del 19 de febrero de 1913 al 15 de julio de 1914.

Emiliano Zapata es asesinado el 10 de abril de 1919 por Jesús Guajardo, luego de una abominable traición realizada con la venia del mismísimo presidente de la república, don Venustiano Carranza, la Revolución Mexicana sufre una puñalada más de manos de otro mexicano que añoraba su pasado porfiriano, pues en lugar de atender la legítima demanda de “Tierra y Libertad”, oportunistamente a los Zapatistas les arrebataron sus banderas, al fin y al cabo “eran indios radicales dezcalzonados” que había que callar para siempre.

Luego, en Parral, Chihuahua, el 20 de julio de 1923 en una emboscada cae asesinado el Centauro del Norte, Doroteo Arango “Pancho Villa”, víctima de otra traición fraguada desde la presidencia de la república en manos de don Plutarco Elías Calles, acción que fue afinada por el entonces precandidato a la presidencia de la república, su eterno enemigo don Álvaro Obregón, quien había perdido un brazo precisamente en una escaramuza con los “villistas”, este brutal asesinato acabó con el ultimo caudillo de la revolución.

Así, México queda en manos de 2 controvertidos personajes, Calles y Obregón; que si bien sentaron las bases para darle vida institucional a México, una vez muerto Carranza y acabados los reductos del porfiriato se apoderaron de las banderas revolucionarias para fortalecer otro cacicazgo que, aunque corto, no menos nocivo y en el marco de esa oscura página de la historia, México fue testigo de la muerte de Álvaro obregón ya como presidente electo.

Registran algunos historiadores que cuando alguien preguntaba por el autor intelectual de la muerte de Álvaro Obregón, la respuesta siempre era la misma: calle…….se. Los desatinos de Calles provocaron, también, el levantamiento cristero, cuando sustituyó su discurso revolucionario por una cacería de brujas contra el clero, guerra que dejó más de 70,000 mexicanos muertos.

La pretensión de manejar el poder político de Calles tras de la silla, provocó una gran inestabilidad política en México; los 3 presidentes que estuvieron en el periodo del llamado maximato: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez, fueron permanentemente asediados por don Plutarco para que sus decisiones fueran apegadas a sus caprichos o intereses.

Se puso en boga entre la vox populi la célebre frase: “aquí despacha el presidente y el que manda vive enfrente”, pues don Plutarco era el incómodo vecino de palacio presidencial. Solo con la llegada de Lázaro Cárdenas del Rio se vieron materializadas algunas conquistas de la Revolución Mexicana, porque aunque parezca satírico, con el destierro de su compadre Calles, pudo Cárdenas lograr la reconciliación nacional tan necesaria para lograr la tan anhelada pacificación de México, además de la elevación a categoría de decreto la distribución de tierras y expropiación petrolera, entre otras acciones más que cambiaron la cruda realidad del México de mediados del siglo pasado.

El gobierno del General Cárdenas detonó una etapa de trabajo productivo principalmente en la zonas rurales, en el ramo educativo y en las maquiladoras, esto trajo un periodo de estabilidad social a lo largo de 24 años. Fue en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz que se vuelve a registrar un acontecimiento violento de impacto internacional, cuando el 2 de octubre el presidente reprimió violentamente el movimiento estudiantil en la plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco, cuyo saldo de muertos y desaparecidos hasta la fecha no conoce, y fue la primer señal de descomposición de un régimen que mostraba el músculo al margen de los principios que dieron origen a la Revolución Mexicana.

Ya en los albores del siglo 21, y extasiada de poder la clase política priista encabezada por Miguel de la Madrid Hurtado, empuja de nueva cuenta hacia la derechización de México, fomentando privilegios y abriendo las fronteras para coquetear con empresas extranjeras y comienzas las privatizaciones de paraestatales, y en los años subsiguientes se firman tratados comerciales en condiciones desventajosas con Estados Unidos y Canadá, de nueva cuenta se empiezan a sentir los trastornos sociales de un modelo económico NEOLIBERAL que históricamente ha propiciado pobreza y desigualdad social, guardadas las proporciones, similar a las causas que detonaron la Revolución Mexicana y la consecuente caída del dictador Porfirio Díaz.

Y digo guardadas las proporciones, porque si bien desapareció la tienda de raya ahora se sustituyó por tarjetas de crédito. ¿Luego entonces quiénes han sido los beneficiados de la Revolución? ¿Valdrá la pena celebrar las conquistas revolucionarias que a más de 50 millones de pobres nunca llegaron? O solo para recordar que todos los que lucharon por cambiar nuestro país fueron traicionados y muertos, quedando sepultados con ellos los ideales de la Revolución Mexicana.