Lic. Alfredo Castañeda Flores ANALISTA
18 oct. 2024.-La protagonista de esta semana es la segunda hija de un matrimonio que ha durado más de cuarenta años, algo raro en estos tiempos, donde todo se rompe con facilidad, porque ya no hay resistencia ni tolerancia a casi nada.
Es una mujer cercana a la cuarta década, tiene dos hijas, para variar, de diferente padre, no quiere que se peleen por el mismo.
Como dije, es nacida dentro de un matrimonio, que, en sus inicios, tuvo muchos problemas, su padre fue alcohólico durante muchos años, lo que, en cierta forma le impidió ir más allá de la secundaria trunca, pero no es pretexto, cuando se tienen ganas de avanzar. Lo que sí tuvo, fueron malos ejemplos por la situación de su padre, quien además empezaba a aprender de albañilería, fontanería, electricidad y lo referente a la construcción y mantenimiento de casas, nuevas y usadas.
Pues bien, desde que ella recuerda, vivieron en la casa de su abuela materna, hasta hace unos años que falleció y los herederos, decidieron con justicia, vender la propiedad y repartirse el dinero en partes iguales. Ahora ya rentan. Pero una casa propia, jamás ha tenido, ni ella ni sus padres y hermano.
Así fue creciendo, con el vicio de su padre, su evidente conformismo y mediocridad, la necesidad de trabajar de su madre, en casa-habitación, porque tampoco tiene estudios que le den un mejor sustento, su padre también se quedó con el tercer grado trunco de primaria, su hermano también se quedó sin terminar la secundaria. Pero, como a todas las mujeres, le comenzó a gustar el dinero y si era fácil mejor, siendo aun menor de edad, se “enamoró” de un joven de su edad, se fueron a vivir juntos pero hasta la hoy CDMX, para que sus padres no la fueran a buscar, para ese tiempo, su padre había dejado de tomar y se comportaba mejor, pero dijeran por ahí, ya para qué, porque además de su adicción etílica, siempre ha sido un individuo mitómano, de esos que todo les ocurre, que se inventa historias, donde siempre él es el héroe y/o la víctima, que cuando lo conocemos, preferimos evitarlo para que no nos llene de su mala fortuna y pésima vibra. Ahora imagínate, inteligente lector, qué aprendió Mariel, durante los años que vivió con él y su familia.
Ya estando instalados en la CDMX, vivían en la casa de sus suegros, y lo clásico, se quejaba de malos tratos hacia ella, sin embargo, ahí aguantó muchos años, porque no quería regresar con su familia, estando allá, se embarazó, dio a luz a su primera hija, hasta que cuando la niña cumplió cinco años, decidió regresar, abandonando a su pareja. Se presentó en la casa de sus padres, les contó su historia fantasiosa, alterando la realidad, lo había aprendido muy bien con su padre, y la recibieron, con la condición de que se portaría bien, sexualmente hablando, que trabajaría y apoyaría en los gastos de la casa, internos, porque en ese tiempo seguían viviendo con su abuela y no pagaban renta, pero si gastaban en comida y servicios de luz y agua. Así lo hizo, como es típico, que hasta lo juran. Pero que en poco tiempo todo se olvida.
Así sucedió con Mariel, a los pocos meses de recién llegada, comenzó a andar con otro, sin embargo, lo que sí cumplió fue cuidarse de no embarazarse, y eso quizás, porque su hija estaba aun pequeña. Se “enamoraron” a tal grado, que ella pidió permiso a su abuela y padres para llevarse a vivir con ellos al nuevo “papá” de su hija. No hubo ninguna oposición, ahí se quedaron a vivir juntos, aunque separados por una pared de sabanas, cortinas y cobijas, como es algo tan frecuente y común en cualquier rincón de nuestro país. Donde todo se ve y se oye, pero fingen ignorarlo. Sin embargo, sobretodo las niñas, crecen con ese deseo de experimentar lo que su mamá hacía en las noches y se vuelve un círculo vicioso que se extiende a lo largo y ancho de nuestro país.
Vivió un tiempo con el muchacho, después terminaron y no de buena manera, ya que ella es grosera e incluso llega a las manos y claro que no cualquiera se deja y se arman tremendos zafarranchos donde ambos salen lastimados. Al poco rato, llegó otro y luego otro y otro, hasta que algunos años después, con el que vivía en ese momento, quien sabe si sentía algo por él, le atraía demasiado o un descuido, quedó embarazada, trayendo al mundo otra niña, hazme el refabrón cavor. Lo común, nació, vivió un tiempo con ella y se fue, me imagino que la diaria convivencia debe ser difícil con ella, porque lleva muchos y no la aguantan, salvo el primero, que le duró algunos años, los demás menos. Y sus padres y abuela, de alcahuetes que le permiten que los lleve a vivir con ellos, donde están todos de arrimados y encimados, con nulo espacio para estar en libertad, pero así lo acostumbran muchas familias en cualquier rincón nacional.
Así ha transcurrido la vida de Mariel, una mujer de estatura mediana, delgada, con cuerpo regular, para su complexión, atractiva de rostro, pero con un carácter terrible cuando se enoja, que lo adquirió cuando, siendo una niña, observaba a su padre, alcoholizado y mentando madres y rompiendo cosas, llegando a casa sin dinero y a veces hasta golpeado, porque es algo que trae aparejado el alcohol, los golpes de sus compañeros de vicio y perdición. Ella, muchos años después (tiene 36) lo está replicando con sus hijas, y, sobre todo, con sus innumerables parejas que han tenido la poca suerte de compartir con ella su dinero, presencia y cama.
Sus hijas tienen actualmente 18 y 11 años, la mayor acaba de concluir el bachillerato, pero ya no siguió estudiando, por lo que ya trabaja en un negocio de comida rápida, de esos que abundan y hace apenas unos días, se fue a vivir con el novio, ha superado a su madre en edad y estudios, pero no en la destrucción de su vida, porque, aunque diga que después volverá a estudiar, es mentira y menos aun si llega a embarazarse y tener un hijo. La menor, está por concluir la primaria, ojalá sea más abusada, aunque parafraseando a José José, pero lo dudo, porque desafortunadamente la mayoría de la gente y más en este país, repite lo que han hecho sus antepasados, no tienen la suficiente fortaleza mental de crear su propia historia, les agrada lo fácil, lo que ya existe, aunque sea un rotundo fracaso. Pero lo ven como algo normal, necesario, y redituable, económicamente, porque, aunque sean, individuos adictos, sin futuro, por un tiempo las mantienen y dejan de preocuparse por trabajar, aunque se denigren como seres humanos, no les importa, si según ella (s) obtiene un beneficio. ¡Vaya mentalidad!