LIC. ALFREDO CASTAÑEDA FLORES ANALISTA
4 abril 2026.-Desde que tenemos uso de razón, hemos escuchado historias inverosímiles sobre los antepasados mexicanos, pero si tienes algunas neuronas funcionando, con el transcurso de los años te vas dando cuenta de que todo el pasado maravilloso del que provenimos es solo una farsa oficialista, deseos reprimidos de que realmente eso y más ocurriera. Pero tristemente no lo es.
El mexicano promedio, que según las estadísticas de la estupidez son nueve de cada diez, en su diario actuar, deja mucho que desear. Su estulticia no tiene límites. Principalmente las mujeres, que de por sí se creen superiores al hombre, pero por supuesto, no lo son. Solo basta con detenerse un poco a analizarlas en sus acciones, olvidándose de que tienen otros atributos que nos vuelven locos, siendo objetivos, eso es completamente falso.
Las mujeres,siempre han dicho que pueden hacer varias cosas al mismo tiempo, pero si las observas, te das cuenta que ninguna la concluyen, incluso otras las hacen mal. En cambio, el hombre, si es verdad que solo hace una, pero la termina y lo mejor posible. Esa es la gran diferencia.
Las mujeres son más desesperadas, ansiosas, pueden tardar, incluso horas, quietas, pero de un momento a otro les entra la desesperación y ya quieren las cosas, se quieren ir, moverse, siendo que ellas, fueron las que dijeron que se hiciera con calma. Incluso en el momento crucial del sexo, sacan a relucir temas que inhiben la libido y el deseo carnal. Sacan temas que aparentemente ya habían sido superados, en esos momentos de pasión.
Son de memoria corta, ajá, no recuerdan lo que sucedió hace un minuto, pero cuando les entra la ansiedad, recuerdan cosas, negativas, por supuesto, que ocurrieron hace años, son expertas en conservar en su mente lo malo, lo que les molesta, les afecta. En cambio, el hombre olvida todo, bueno o malo, por igual, no somos expertos en estar muele y muele con lo mismo. Esa es otra enorme diferencia. Los hombres no conservamos recuerdos negativos en nuestra mente, las mujeres sí. Además de que ellas hablan el doble que nosotros. Salvo los que salieron defectuosos, esos que no se aceptan ellos mismos y quieren que los demás lo hagan. Los homosexuales. Algunos, hasta peores que las mujeres, son.
El país erróneamente ha sido dominado por las mujeres, aunque todo el tiempo se estén quejando de lo contrario, fuimos criados por mujeres, entonces, debido a que el hombre en su papel de proveedor se desentiende de lo demás, por dedicarse a generar recursos para tratar de tenerlas contentas, ha propiciado que cualquier lugar, empleo o negocio, sea iniciado o manejado por mujeres. Los resultados están a la vista, no hay muchos de esos, exitosos y los que lo son, es porque hay un hombre en el peldaño más alto o por lo menos compartiéndolo con una mujer. Aunque les duela es verdad.
Las mujeres se cansan pronto de los hombres, buenos, bondadosos, imbéciles les llaman ellas, por eso es que se da la infidelidad femenina mayoritariamente, porque con los acostones rápidos no tienen que estar escuchando las palabras amorosas, zalameras, que todo hombre enamorado le declama a su amada. Ellas por supuesto prefieren a aquellos que las maltratan, les gritan, las ofenden, incluso hasta las golpean, si te das cuenta, las presuntas mujeres maltratadas, no dejan a sus parejas, y si caen en la cárcel, rápidamente ven como le hacen para sacarlos de ahí y se molestan con quien los denunció, sean familiares, amigos o vecinos. Ellas son las que provocan a los hombres para que les hagan cosas de esas, porque las excita, las mantiene enamoradas. Solo que como mujeres que son, siempre lo niegan.
Cuando andan en la calle y por X o Y causa, motivo, razón o circunstancia, llegan a tener un roce con un hombre y este no se queda callado, como la mayoría, porque ya es necesario ponerles un alto, con respeto, pero no permitirles que hagan todo lo que quieren, además de que eso las aburre, se quedan enganchadas con ese hombre, regresan a esos lugares, porque tienen la ilusión de volverlos a ver, de momento, durante el incidente se molestan, gritan, patalean, pero estando en la intimidad de su hogar o en un lugar apacible, lo recuerdan y sonríen, por lo que regresan, sobretodo cuando son locales comerciales, ahí es más fácil de encontrarlos, salvo que no sean los dueños, pero las probabilidades de volverlos a ver, es mayor, que con otros incidentes ocurridos en la calle. Algunas incluso, llegan a tener intimidad con su “presunto” agresor. Les gusta la mala vida. Como decían nuestras abuelas. Y es real.
Desde pequeñas se enganchan con adolescentes de su edad o mayores, que son adictos, alcohólicos, vagos, buenos para nada, y se entregan a ellos, algunas resultan embarazadas, otras no, pero hacen de todo, con esos individuos sin futuro, porque les gusta la adrenalina de lo prohibido, de lo que los chicos buenos no hacen. Están acostumbradas a los antivalores, les chocan, les molestan seguir los valores, las reglas de las buenas costumbres. Y los tiempos actuales, las han convertido en peores. Si tienen una cita con un hombre, ya quieren que este las posea, de lo contrario, no vuelven a salir con él, los desprestigian con las demás que conocen, diciendo que son niños (lo menos) hasta que pueden ser maricones (y cosas peores), ahora no piden respeto, lo que quieren es tener acción en el colchón.
Además de que ya se alcoholizan, eso las desinhibe aun más, quedando puestas y dispuestas para ser penetradas toda la noche, total en su casa no les dicen nada. Y eso puede ser cada fin de semana o incluso más de una vez por semana y con diferente individuo. Porque también, al tener demasiada experiencia, a su corta edad, van desechando a los que, según ellas, tienen el pene pequeño que, para el placer sexual, eso no importa, pero ellas creen que solo el tamaño importa. Hay múltiples factores que, con la experiencia y la edad, se van adquiriendo, por eso es que, en la actualidad, tienen más éxito los hombres mayores, porque ya saben complacer a una mujer. Además de que les dan lo que más buscan y desean, dinero.
Así que, amable lector, si ya tienes una pareja, sea cual sea su estatus, esposa, amante o concubina, y tienes la oportunidad o necesidad de quitarte el estrés con otra mujer, ya sabes que llevas ventaja sobre los jóvenes, además de que, si tienes solvencia económica, puedes repetir cuantas veces quieras, sin exclusividad y sin problemas de que se entere tu media naranja. No tengas miedo de hacerlo, el pecado solo existe en las mentes manipuladoras, y si no te acuerdas, no pasó. Si no la tienes, mucho mejor. Es por salud. ¡Hazlo!

