ALEJANDRO MARTINEZ CASTAÑEDA
11 feb. 2026.-La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), publicada por el Inegi el 26 de enero de 2026 con datos correspondientes a diciembre de 2025, confirma una realidad que no puede minimizarse: aunque la tasa de desocupación se mantiene en 2.4%, la informalidad laboral alcanzó 54.6% de la población ocupada, es decir, 33 millones de personas trabajan sin plena protección social.
El dato revela que el principal desafío del mercado laboral mexicano no es solo generar empleos, sino garantizar su calidad. Más de la mitad de quienes trabajan lo hacen sin seguridad social, estabilidad ni acceso a prestaciones, lo que profundiza la vulnerabilidad económica y limita la movilidad social.
Aun con crecimiento en la población ocupada respecto a diciembre de 2024, la persistencia y el aumento de la informalidad muestran que el país enfrenta un problema estructural: se ocupa a millones, pero no necesariamente se les integra a un sistema laboral con derechos. La discusión ya no debe centrarse únicamente en cuántos trabajan, sino en cómo y en qué condiciones lo hacen.
La informalidad laboral no es un fenómeno nuevo, pero sí persistente y profundamente estructural. En un año, la tasa aumentó un punto porcentual, al pasar de 53.7% a 54.6%. Más preocupante aún es que en las áreas menos urbanizadas alcanza 68.2%, lo que revela una brecha territorial que perpetúa desigualdades históricas entre el México rural y el urbano. La informalidad no solo habla de empleos sin contrato o registro; implica ausencia de seguridad social, falta de prestaciones, inestabilidad de ingresos y, en muchos casos, exclusión de derechos laborales básicos.
Las consecuencias sociales son profundas. Un trabajador informal difícilmente accede a servicios de salud institucionales, ahorro para el retiro o créditos formales. Vive al día, con ingresos volátiles y sin red de protección ante enfermedad, maternidad, accidentes o vejez. Esta precariedad se agrava si se observa que el 45% de la población ocupada percibe hasta un salario mínimo, y que la tasa de condiciones críticas de ocupación subió a 38.4%. Es decir, no solo se trata de tener empleo, sino de la calidad del mismo.
La ENOE no solo ofrece cifras; plantea una pregunta de fondo: ¿qué tipo de crecimiento económico está generando México? Si más de la mitad de quienes trabajan lo hacen sin protección plena, el reto no es únicamente crear empleos, sino transformar su calidad. La estabilidad macroeconómica pierde significado cuando no se traduce en bienestar tangible para la mayoría.
El país necesita un pacto laboral que coloque la formalización en el centro del desarrollo. Porque detrás de cada punto porcentual hay millones de historias de esfuerzo cotidiano que merecen algo más que sobrevivir en la economía: merecen seguridad, certidumbre y oportunidades reales de progreso.

