20 febrero, 2021
ROTATIVO DIGITAL

El regreso del hijo pródigo…

+Análisis y reflexiones sobre la pintura de Rembrandt.

 

Omar García Peñaloza           Escritor

 

Perdóname, de veras, no lo volveré a hacer, ¿te suenan estas frases? Cuántas veces utilizamos la palabra perdón sin ahondar en la profundidad que esta tiene, solemos tropezar con alguien en la calle y decimos: perdón, somos infieles y decimos: perdón, insultamos u ofendemos a alguien y decimos: perdón, es decir abaratamos la palabra sin menoscabo de su esencia.

Estaba leyendo hace algunos días un libro de Henry Nouwen titulado: El Regreso del Hijo Pródigo, donde nos desmenuza un interesante análisis sobre la pintura de Rembrandt que lleva el mismo título, cuando escuchamos la frase “el hijo pródigo” inmediatamente nos remontamos a la Biblia y a una interpretación muy somera del hijo que se va de casa a despilfarrar lo que se le ha dado y el regreso después de un fracaso rotundo, de la benevolencia de un padre y la algarabía por su retorno, así de simple.

¿Pero te has preguntado sobre las emociones de cada uno de estos personajes?  ¿Qué es lo que realmente motivó al padre a perdonar a su hijo? ¿Qué es lo que el hermano mayor sintió cuando vio a su hermano llegar y ser perdonado sin ninguna reprimenda? ¿Cuál era el nivel de devastación del hijo pródigo después de su fracaso? Según Nouwen, cada uno representa un rango emocional de los seres humanos,  en esencia, el padre representa la paz, la tranquilidad, el amor y la benevolencia, el equilibrio entre Dios y la vida, ¿acaso tú como padre no perdonarías a tu hijo? Claro que lo harías porque este es carne de tu carne y sangre de tu sangre, y más porque este ha recapacitado de sus malas decisiones, el padre del hijo pródigo es el ejemplo del perdón puro y la metáfora de Dios; el hijo pródigo representa el arrepentimiento, el reencuentro interior de los seres humanos ante sus malas acciones, el reconocimiento de los errores y el regreso a la senda del bien; el hermano mayor representa el resentimiento, el escrutinio del mundo sobre lo bueno y lo malo, los celos de lo que un padre da al uno y al otro no, la obediencia en espera de reconocimiento, el que no comprende la verdadera esencia del perdón.

En este sentido, el perdón se comprende como una herramienta esencial del ser humano para alcanzar la paz interior y la tranquilidad, el perdón es de sabios, de todo aquel que logra comprender la esencia del ‘ser’ y que las fallas humanas en su mayoría no están en el plano del consciente, Nouwen explica que muchas veces en esta parábola bíblica nos asemejamos más al hijo mayor que al mismo hijo pródigo, porque si bien es cierto cuando queremos enderezar nuestras vidas nos comparamos con el hijo menor, pero cuando ya nos creemos perdonados viene lo que el autor nos explica: “cuanto más me siento al hijo mayor en mi interior, más consciente me hago de lo profundamente arraigada que está esta forma de ‘perderse’  y lo difícil que es volver a casa desde esta situación. Parece mucho más fácil volver de una aventura de lujuria que volver desde una ira fría que ha echado raíces en los rincones más profundos de mí mismo.”(N. p. 82)

Precisamente el hijo mayor se resiente de los tratos dados por el padre al hijo menor, aun después de haber despilfarrado la herencia, la mayoría de los seres humanos nos incluimos en este tipo de comportamientos y tratamos de redimirnos, pero el hijo mayor resiente y se hunde en un sentimiento de impotencia de desvaloración “y es aquí donde me veo frente a frente con mi verdadera pobreza. Soy incapaz de acabar con mis resentimientos. Están profundamente anclados dentro de mí que arrancarlos parecería algo así como una autodestrucción. ¿Cómo erradicar estos rencores sin acabar también con mis virtudes? (Nouwen, p.83)

¿En cuál escenario te encuentras en este momento? ¿Eres el padre, el hijo pródigo o el hijo mayor? En otras palabras: ¿Eres el que perdona, el perdonado o el que duda en perdonar?

Así, pues, el perdón se puede convertir en una puerta hacia la paz o una encrucijada que no permite vivir, bien lo dice Nouwen en el siguiente fragmento:

La cuestión es la siguiente: “¿a quién pertenezco? ¿A Dios o al mundo? Muchas de mis preocupaciones diarias me sugieren que pertenezco más al mundo que a Dios. Una pequeña crítica me enfada, y un pequeño rechazo me deprime. Una pequeña oración me levanta el espíritu y un pequeño éxito me emociona. Me animo con la misma facilidad con la que me deprimo. A menudo soy como una pequeña barca en el océano, completamente a merced de las olas”. El Regreso del Hijo Pródigo (p. 47)

De este modo, El regreso del hijo pródigo se convierte en un libro de impacto emocional, pero sobre todo filosófico en torno al tópico principal y con su lenguaje es un texto sencillo y dinámico que te hace reflexionar.

 

29 enero 2021.