25 febrero, 2024
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El Maquiavelismo Mexicano

Partiendo de una lectura mínima y profunda de “El Principe” de Nicolás Maquiavelo, obra clásica de la literatura política, nos podemos percatar que si bien es cierto que en ninguna parte se expresa la locución de que el fin justifica los medios, haciendo una interpretación de las ideas contenidas, sí encontramos que lo importante son los resultados y que los medios y acciones que se utilicen poco importan si el resultado es el deseado o idóneo.

Esta obra, más que un tratado filosófico, pudiera ser considerada un manual descriptivo de la función estatal, hecha por un práctico con un genio inigualable y que, si bien es cierto que parte de un enfoque pesimista, la historia ha avalado su parecer. Nicolás Maquiavelo es considerado por la gente poco conocedora como una mente maléfica que enseña en su celebre tratado de política, cómo ser despótico y perpetuarse en el poder, lo cual no es cierto, ya que este ilustre florentino simplemente da consejos para que aquellos que ejerzan un poder soberano se mantengan en él, pero a base del buen trabajo y la eficacia, que no la perfección y la moral. Ahora bien, como muchas veces el correcto desarrollo del Estado y la eficiencia de sus instituciones requieren la realización de actos o hechos considerados inmorales para ciertos pensamientos, es por ello y por la interpretación que han hecho gobernantes crueles, que se ha estigmatizado así a este autor. Pero precisamente de esta situación relacionada con la moral es que Maquiavelo nos enseña que la conducción de un Estado y la política en general tiene su propia moral y por ende responde a sus propias reglas y limites.

Pasando a tiempos actuales, podemos decir que con el comienzo del siglo XXI, México arribó a la alternancia política después de mas de 70 años de mantenerse en el poder una clase política heredera de la Revolución Mexicana que, de una u otra manera, habían mantenido a flote el desarrollo y la estabilidad política del país, algunos sexenios con mayor éxito que otros. Sin embargo, mucho se ha hablado de la falta de ética y moral con la que estos gobiernos condujeron los destinos del país durante esas décadas, aduciéndose que sus métodos eran maquiavélicos en el sentido coloquial de la palabra. Podría decirse que durante los gobiernos priistas efectivamente se realizaron acciones inspiradas en la mentalidad y en la filosofía de Nicolás Maquiavelo, pero no de la forma despectiva que el grueso poblacional lo señala, sino en el sentido de real politik y en apego a un pragmatismo necesario para el buen gobierno. Por otra parte, grave sería no reconocer que también se cometieron excesos y errores durante esta época señalada, pero como no es motivo del tema no ahondaremos en ellos, además que poca o nula relación tienen con la inspiración maquiavélica y más bien confirman esa filosofía pesimista sobre el actuar del ser humano en caso de no tener limitantes. Por otra parte, el arribo del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la Republica se dio sin que los nuevos gobernantes entendieran la premisa de la propia moral de la política y con un pesado lastre de carácter religioso que de poco ha servido a la buena conducción del gobierno. Al día de hoy podríamos decir que los gobernantes de acción o de reacción, pero que dan poca solución a la problemática actual, han empezado a actuar de manera maquiavélica, pero de un maquiavelismo deforme e inspirado solo en la conservación del poder por el poder, sin la búsqueda del buen gobierno. La llegada al poder de la derecha mexicana fue bajo costos enormes para ellos mismos y en base a una perdida de identidad y de congruencia con sus postulados de más de 60 años de historia, lo cual les dio una cara pragmática que no habían tenido antes, postulando ahora la necesidad de la victoria a cualquier costo. Actitudes y personajes reprobados en antaño se volvieron redentores de la democracia y adalides de las buenas costumbres y la honestidad a través del transfuguismo político en todos los partidos políticos, siendo este tipo de seres: Diodoro Carrasco Altamirano, Porfirio Muñoz Ledo, Mario López Valdés (malova), Ángel Aguirre Rivero, entre muchos otros.

Como podemos apreciar, Acción Nacional, y el Partido de la Revolución Democrática no se ha quedado atrás, ha tomado lo peor de la filosofía que tanto critico y la ha hecho una práctica cotidiana en su forma de hacer política.

Finalmente, después de haber hecho esta disertación vaga, lo que se pretende indicar es que existen dos tipos de maquiavelismo, el conocido vox populi que tiene una connotación despectiva y peyorativa, y el maquiavelismo real emanado de la praxis descrita por el ilustre autor florentino, y que no pretende hacer distinción alguna entre lo bueno y lo malo sino entre lo provechoso y lo necesario a efecto de un gobierno estable. Al final de cuenta lo que el pueblo quiere, entre otras cosas, es desarrollo, paz y estabilidad, y no la beatificación de sus gobernantes…