2 abril, 2025
ROTATIVO DIGITAL

EL MAESTRO ZIRANDA: UN PROFESOR RURAL POR SIEMPRE…

POR: OMAR G. PEÑALOZA     COLUMNISTA

21 MAYO 2024.-La educación ha sido un pilar para el desarrollo humano y a su paso histórico se han sumado generaciones de estudiantes y de maestros que han contribuido con el desarrollo social; sin embargo, es una triste realidad que entre los profesionistas de la educación se tiende a contribuir por dos cosas: por necesidad económica y tradición hereditaria, por vocación de servicio, se torna más difícil.

Respecto a esto, en este artículo se pretende tocar el segundo punto. Ya que, en el servicio educativo existen dos realidades: por un lado, está la educación de las urbes y por otro la educación rural y comunitaria. ¿Qué tienen de diferencia?, la urbe es más atendida en infraestructura y equipo, muchos docentes y profesionistas aspiran a estar en ella; por otro lado, la comunidad rural no tiene aulas apropiadas y es recurrente que ni con docentes se cuenta, es a la que políticamente se le llama ‘escuela de palitos’. En este contexto surgió el personaje que pretendo resaltar por su vocación de servicio y su contribución a toda una región de comunidades ubicadas en la conocida Cañada del municipio de Turicato.

El maestro José Ziranda (nacido el 05 de junio de 1934), se conserva en el colectivo social como uno de esos personajes que dejan huella: fue otro de tantos niños que nacieron en la tierra caliente de Turicato, sus padres campesinos y con una familia muy grande, se desarrolló entre carencias y dificultades por ser uno de los hermanos de en medio.

Su posición en la familia y su carácter le ocasionaron problemas de rechazo y minimización por parte de sus hermanos, caso que como en todas las familias de antaño ocurrieron por la numerosidad de integrantes, finalmente como hermanos se reintegraban a la convivencia. Sin embargo, esta particularidad le dio un impulso para superarse, pues él estaba interesado en aprender a leer y escribir y no solo quedarse a trabajar la tierra como los demás, ¿cómo lo logró?, precisamente ahí radica una de sus particularidades de más relevancia histórica.

Por los años 60-70, el Padre Nabor Cárdenas (fundador de la comunidad de la Nueva Jerusalén) aún profesaba como sacerdote del obispado de Tacámbaro y en su labor evangelizadora visitaba constantemente la comunidad de El limón de la vinata, donde se encuentra una de las capillas de estilo neocolonial única en la región de la zona agreste denominada como ¨Cañada de Tetenguio¨.

Ahí fue donde por la cercanía que logró con el padre el joven José Ziranda decidió irse con el sacerdote para ser instruido en el camino del Señor, aprendió a leer, escribir y se formó como un buen orador a la vez de que prestaba servicio al padre Nabor en los oficios que realizaba en diferentes iglesias y capillas de diversas comunidades pertenecientes al obispado. De ahí se destacó por su inteligencia que pronto fue asignado como principal auxiliar del Padre y era comisionado a impartir pláticas entre Carácuaro y Tacámbaro. Cuando por fin logró su diaconado, no pudo avanzar más en la jerarquía católica, la razón en la actualidad parece ser irrisoria: ¨Su mamá era juida¨, motivo que para la curia ortodoxa era pecado mortal. Así que sus aspiraciones de llegar a ser sacerdote se desvanecieron.

Después de todos los años invertidos en el servicio eclesial, regresó con cierta decepción a su rancho natal (El Capire de los nogales) a seguir con sus actividades de campesino y ganadero con las tierras que heredó como todos los demás hermanos. En ese vaivén también fungía como ministro en la capilla de El Limón, en la que siempre que daba la hostia fue donde lo miraron unos ojos pispiretos de una mujer llamada Arcadia, la que fuera su esposa hasta su muerte y con la que procreara dos hijas, Patricia Ziranda Gallardo y Pompilia (ya fallecida).

Dentro de los datos curiosos de este personaje esta que el Papa Nabor lo convidó a que se uniera al milagro Mariano para la fundación de lo que hoy es la comunidad de La Nueva Jerusalén y al negarse se quedó en su comunidad para mejor encargarse por invitación del señor Amado Villa para dar clases a los jóvenes y niños del Limón, ya que se carecía de ese servicio, ahí fue donde comenzó la leyenda del Maestro Ziranda, ya que por su carácter y la ortodoxia de la enseñanza mediante el conductismo aplicaba la dinámica de que la letra con sangre entra; así que, durante sus clases, chiquillo que se descuidada y no ponía atención le aventaba el borrador por la cabeza, le aventaba un puño de tizas, le daba de coscorrones o si la falta era repetida lo sacaba al sol con unas piedras en las manos sobre su cabeza. Y hay del chiquillo que corría, el maestro se iba tras él aventándole piedras hasta donde vivía y donde sus papás le ponían otra zurra.

Ahora la pregunta es ¿quién y cómo le pagaban? La cosa es que como no estaba respaldado por ninguna institución, el pago era por cooperación, pero como en el rancho no siempre había dinero, se dice que parte de su primer pago fue el préstamo de un predio llamado La joya del huje donde pudo sembrar y lo demás, los padres de familia de los estudiantes atendidos le llevaban, gallinas, conejos, carne de venado, carne de jabalí, frijoles, maíz y más cosas. En cuanto al espacio donde daba las clases, primero fue en un cucurucho de madera, con el paso de los años, hubo quien atestiguó que para la construcción del primer salón de clases el maestro Ziranda acabaló con el dinero que le dieron por la venta de dos mulas, lo cual demostraba su interés y vocación a su labor, así que se construyó un salón de adobe, asbestos y piso firme (que aún sigue en pie).

Sin embargo, también se dice que algunos papás si se quejaban de él por el maltrato a los chiquillos, pero en cuanto sucedía eso, solito se cambiaba de comunidad a petición de la gente. Por lo que sus servicios se extendieron entre Piedras aradas, Tetenguio y Zicuapo. Fue hasta tiempo después que el mismo con documentos en mano se fue a la supervisión de zona a solicitar un maestro oficial de la SEP, ya que el número de niños fue creciendo considerablemente y él ya no se daba abasto, afirman no se movió de allí hasta que por necesidad, palabra y presión le dieron una respuesta a favor. Y fue que gracias a su astucia y dedicación el primer maestro oficial fue asignado a la comunidad del Capire de los nogales.

El maestro Ziranda duró veintidós años trabajando por cooperación hasta que uno de los tantos maestros que llegaban de la Secretaría lo impulsó para que consiguiera una plaza oficial con la que duró trabajando otros veintiocho años con plaza estatal, por lo que su carrera como docente rural se extendió hasta cincuenta años de servicio neto. Cosa que para la nueva generación de maestros rurales se llega a tornar como un acto imposible.

Algo más digno de recordar del maestro Ziranda es que, así como castigaba a los más burros (así nos decían antes a los más tarugos), también premiaba a los más inteligentes, con viajes y paseos, en lo corto a Puruarán, Tacámbaro y Morelia, donde los llevaba a comer, a museos, a parques y al cine.

En la actualidad las varias generaciones de padres de familia que una vez fueron estudiantes del maestro Ziranda (como sigue siendo recordado) pueden dar cuenta de testimonios de su personalidad, su trabajo, su entrega y su vocación, dicen que siempre en las actividades culturales siempre sacaba el baile de El Son de la negra y La raspa, que algunos de ellos fueron perseguidos por él, que otros al menos si alcanzaron un gis por las jetas y otros de pura suerte solo un regaño.

Finalmente, después de cincuenta años de servicio a la comunidad se pensionó en marzo del año 2010, dejando un parteaguas histórico en la educación comunitaria de la región de La Cañada de Turicato; después de gozar solo pocos meses de su retiro, se le detectó un grado de hidrocefalia y entre la enfermedad y la depresión falleció el 25 de mayo de 2013.

Fuentes de información y fotos:

Sra. Arcadia Gallardo (Esposa)

  1. Patricia Ziranda (Hija)

Q.F.B. Oliverio Ziranda B. (Sobrino y profesor del Telebachillerato Michoacán).