16 abril, 2021
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El COVID 19 impide revivir el singular ritual de Semana Santa en Tzintzuntzan

Alejandro Martínez Castañeda

02 de abril de 2021.-Al ser canceladas las celebraciones de Semana Santa a consecuencia de la emergencia sanitaria por el COVID-19 en este municipio, sus pobladores no podrán revivir las distintas actividades que realizan durante dichas festividades, y que constituyen prácticas que tienen códigos únicos, siendo transmitidas por generaciones.

 

En la investigación titulada: Usos del espacio público en Tzintzuntzan durante la Semana Santa, José Manuel Martínez Aguilar, académico de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), destaca que en dicho Pueblo Mágico, “como en otros lugares de México, ciertos espacios que durante la mayor parte del año se usan para circular y para realizar las actividades paganas, adquieren en la Semana Santa un significado místico, cuando los pobladores convierten los espacios seculares en espacios sagrados que representan los lugares donde Jesucristo pasó sus últimos años de vida”.

 

La peculiaridad en esta localidad es la manera en que estos espacios son creados y transformados con prácticas únicas cuyo origen se remonta a la época colonial, agrega.

 

“No se limita a espacios reducidos, delimitados dentro de los muros de templos, capillas o del conjunto religioso, sino que una parte de la ciudad misma se convierte en el proscenio para la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret y en un circuito para el transitar de los penitentes”.

 

El especialista advierte que la singularidad de la forma en que se vive la Semana Santa se encuentra, por ejemplo, en el caso de los espías “quienes tienen un método complejo para recorrer las calles de la ciudad y buscar simbólicamente a Jesús, de manera coordinada, siguiendo ciertas reglas, que son parte de sus usos y costumbres”.

 

“Desde luego, caso excepcional son los recorridos y rituales que hacen los numerosos penitentes de grillos y cruces, quienes siguen mortificando sus cuerpos con látigos de puntas, mientras que sus muñecas y tobillos se laceran por los lazos y grillos que los aprietan durante los recorridos. Únicos son también los recorridos que hacen en el atrio y en la ciudad, siguiendo reglas determinadas por la tradición, que denotan un complejo simbolismo”.

 

Dicho ritual, refiere, está colmado de una serie de condicionantes que no pueden descuidar, ya que de no seguir los códigos establecidos tradicionalmente la manda tiene que repetirse o perder validez. “Las razones que los motivan a tal pena, según testimonios, provienen de la enorme devoción que le tienen al cristo del Santo Entierro”.

 

Y concluye: “además de la verdadera devoción de los participantes y la intención de la iglesia de conmemorar los acontecimientos que soportan parte de la fe católica, la derrama erogada por los turistas y los fieles vecinos es un aliciente adicional para que organismos gubernamentales estatales y prestadores de servicios tengan interés en la conservación de estas interesantes representaciones”.