ALEJANDRO MARTINEZ CASTAÑEDA
30 AGOSTO 2026.-Los mensajes sobre crecimiento personal están presentes prácticamente en todas partes: redes sociales, libros, cursos, terapias, conferencias y contenidos que invitan a “ser nuestra mejor versión”, “salir de la zona de confort” o simplemente “pensar positivo”.
Pero detrás de estas frases aparentemente inofensivas puede existir un problema: hacer creer que cada persona es responsable absoluta de su felicidad, sin tomar en cuenta las condiciones sociales, económicas y laborales que también influyen en nuestra vida.
Esa es la reflexión que plantea el filósofo y escritor español Carlos Javier González Serrano en un artículo publicado por Ethic, donde cuestiona el auge de la cultura de la autoayuda y del llamado crecimiento personal.
El autor sostiene que algunos discursos de superación personal terminan convirtiendo problemas colectivos en asuntos individuales. Si una persona enfrenta estrés, precariedad laboral, soledad, incertidumbre económica o dificultades para relacionarse, la respuesta suele reducirse a que debe trabajar en sí misma, cambiar su actitud o aprender a gestionar mejor sus emociones.
El problema, señala, aparece cuando esta lógica hace desaparecer las causas que están fuera del individuo.
La idea de que “si quieres, puedes” puede resultar motivadora, pero también puede convertirse en una carga. Si todo depende de la voluntad personal, quien no logra alcanzar sus objetivos puede terminar pensando que el fracaso es exclusivamente suyo.
De esta manera, cuestiones como la desigualdad, los bajos salarios, la falta de oportunidades, la precariedad laboral o la ausencia de redes de apoyo quedan relegadas a un segundo plano.
González Serrano cuestiona precisamente esta visión porque puede llevar a las personas a encerrarse en su propio bienestar y a desentenderse de lo que ocurre a su alrededor.
El artículo también advierte que este discurso está llegando a niñas, niños y adolescentes, quienes pueden crecer con la idea de que cualquier problema se resuelve simplemente con actitud positiva y esfuerzo individual.
La crítica no significa que todo esfuerzo por mejorar personalmente sea negativo. El problema surge cuando el crecimiento individual sustituye la responsabilidad que tenemos con los demás.
Frente a la idea de que cada quien debe resolver por sí mismo sus dificultades, el autor reivindica la importancia de los cuidados, la solidaridad y las relaciones humanas.
Después de todo, nadie construye su vida completamente solo. La familia, la comunidad, los amigos, los compañeros de trabajo y las instituciones forman parte de las condiciones que permiten enfrentar las dificultades.
Por eso, detrás de la discusión sobre la autoayuda existe una pregunta más profunda: ¿hasta dónde somos responsables de nuestro propio bienestar y hasta dónde necesitamos construir condiciones colectivas para que ese bienestar sea posible?
En una sociedad marcada por la desigualdad y la incertidumbre, quizá el reto no sea solamente aprender a resistir individualmente, sino recuperar la capacidad de mirar lo que ocurre con los demás.
Porque mejorar como personas puede ser importante, pero difícilmente será suficiente si dejamos de preguntarnos cómo podemos mejorar también la vida en común.

