27 mayo, 2026
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Blanca Morelos y la política de territorio: escuchar, emprender y transformar desde abajo

Alejandro Martínez Castañeda

26 de mayo de 2026.- En la política de la Cuarta Transformación, el territorio no se entiende desde el escritorio. Se camina. Se escucha. Se vive junto a la gente. Y es justamente ahí, entre colonias populares, emprendedoras, comerciantes y familias que enfrentan día a día la carestía, donde Blanca Morelos comenzó a construir algo más que una carrera administrativa: una narrativa política propia.

Con una década de experiencia en distintas áreas del servicio público —los últimos dos años y medio al frente de la Dirección de Desarrollo Empresarial y Economía Social de la Secretaría de Desarrollo Económico de Michoacán—, la funcionaria ha decidido dar un paso que desde hace meses parecía inevitable: participar en el proceso interno de Morena rumbo a la coordinación distrital.

Su apuesta está en convertir el trabajo técnico en una herramienta social y en impulsar una visión donde el desarrollo económico no sea privilegio de unos cuantos, sino una oportunidad para quienes históricamente han quedado al margen.

Desde el llamado “Espacio Emprendedor”, un área que podría parecer meramente administrativa, se ha tejido una red de acompañamiento económico para cientos de personas, principalmente mujeres que buscan independencia financiera y nuevas oportunidades de vida.

El dato no es menor: seis de cada diez personas atendidas son mujeres cercanas a los 40 años. Muchas intentan reconstruir su economía después de relaciones fallidas; otras buscan reincorporarse al ámbito laboral tras años dedicados al cuidado de sus hijos. Ahí, afirma Blanca, comprendió que emprender también puede ser una forma de emancipación.

“Hay mujeres que no buscan hacerse millonarias; buscan tranquilidad, autonomía y volver a sentirse capaces”, sostiene.

Desde ese espacio también impulsó registros de propiedad industrial para productos emblemáticos de Michoacán como las carnitas, los chongos zamoranos, el aguacate, la jamaica de La Huacana y las guayaba del Oriente, en una estrategia orientada a proteger la identidad productiva del estado frente a la apropiación comercial desde otras entidades.

La lógica, dice, es sencilla: en tiempos donde todo se globaliza, defender lo local también es hacer patria.

Esa visión social también se refleja en el programa “Lucha contra la Carestía”, una estrategia que busca conectar directamente a productores y consumidores para reducir la participación de intermediarios y aliviar el impacto económico sobre las familias michoacanas.

Cada semana, mientras buena parte de la clase política discute encuestas y candidaturas, Blanca Morelos monitorea precios de la canasta básica. Un ejercicio que, aunque parece administrativo, refleja una preocupación de fondo: entender cuánto cuesta hoy sobrevivir.

Y fue precisamente en ese contacto cotidiano con la ciudadanía donde comenzó a gestarse su siguiente etapa.

Los recorridos por colonias de Morelia iniciaron con el objetivo de difundir programas gratuitos y apoyos a emprendedores, pero terminaron convirtiéndose en una radiografía de la capital michoacana: calles deterioradas, drenajes colapsados, luminarias deficientes y vecinos cansados de promesas incumplidas.

La sorpresa de la ciudadanía al ver a una funcionaria tocar puertas dejó en evidencia una desconexión que, considera, persiste en muchos gobiernos: hace tiempo que varios servidores públicos dejaron de escuchar.

Blanca tomó nota.

Aunque muchos reclamos no correspondían directamente a su área, comenzó a gestionar soluciones. Ahí, admite, nació la inquietud de buscar representación popular, convencida de que la política no puede reducirse a administrar oficinas; también implica dar la cara y acompañar a la gente.

Blanca Morelos asegura que ha llegado el momento de participar políticamente desde una izquierda que reivindique la cercanía, el territorio y la atención directa a quienes menos tienen.

“La ciudadanía ya no vota únicamente por siglas. La gente observa quién camina, quién escucha y quién resuelve”, afirma.

El mensaje tiene destinatario claro.

En Morelia, acusa, existe una clase política atrapada en la simulación permanente: los mismos perfiles brincando de un cargo a otro mientras los problemas de fondo permanecen intactos. Para Blanca, la transformación no puede quedarse en el discurso; debe traducirse en nuevas formas de ejercer el poder.

Su visión política se asume progresista y de izquierda, pero aterrizada en acciones concretas: fortalecer cooperativas, formalizar pequeños negocios y construir economía social desde abajo, más allá de las grandes inversiones que suelen concentrar reflectores y beneficios.

Por ello lanza una crítica directa hacia quienes hacen política desde la comodidad de una oficina:

“Si más funcionarios salieran de sus oficinas, entenderían de verdad las necesidades de la gente”.

Sabe que el camino no será sencillo. También entiende que, en la política de la transformación, el discurso ya no es suficiente. La ciudadanía exige resultados, presencia y coherencia.

Y en esa lógica, Blanca Morelos busca posicionarse no como una figura improvisada, sino como parte de una nueva generación de servidores públicos que entiende que gobernar no es administrar privilegios, sino acompañar causas.