6 agosto, 2026
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Azúcar, sudor y vivienda: Los 50 años de la Colonia Obrera de Pedernales, testimonio de lucha colectiva

Lic. Pedro Gómez Ayala       CRONISTA LOCAL

06/Agosto/2026.-En las tierras fértiles de Michoacán, donde la caña de azúcar se alza como un ejército verde bajo el sol tropical, hace medio siglo germinó algo más que un cultivo: nació un hogar. En Pedernales, como en otras tantas comunidades cañeras del país, el sudor de los obreros azucareros no solo endulzaba a la industria; también reclamaba dignidad.

José María Martínez (Chema Martínez), aquel histórico dirigente nacional azucarero, en el año de 1968 logró uno de los acuerdos más importantes en la historia obrera del país: gobierno e ingenios del sector azucarero comenzaron un programa de construcción de viviendas. Para llevar a cabo el tan anhelado proyecto, el sindicato del dulce renunció a un aumento salarial del 12%, priorizando el patrimonio familiar por encima de un incremento inmediato de sueldo.

Fue precisamente en el marco del modelo del “Desarrollo Compartido,” impulsado por el entonces presidente de la república, Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), que el estado mexicano decidió intervenir activamente en la economía para repartir los frutos y logros del progreso, siendo este uno de los momentos más significativos de la historia obrera del Ingenio de Pedernales. Este proceso, tan loable para la dignidad obrera, coadyuvó a generar ese famoso estado de bienestar que el gobierno federal propugnaba.

En 1975, siguiendo con la línea gubernamental, para paliar la crisis económica del sector azucarero de ese entonces, el estado adquirió la fábrica de Pedernales convirtiéndola en paraestatal. Durante la gestión Echeverrista, mediante la creación de Fideicomisos se buscó redistribuir los beneficios obtenidos producto de esta actividad a través de la participación del gobierno, sindicato de trabajadores y deducciones de ventas, ejecutando obras sociales con énfasis en vivienda, educación, salud y demás servicios para obreros y campesinos. El programa de Fideicomiso para la Construcción de Casas de Obreros de la Industria Azucarera (FICCOIA), fue el proyecto gubernamental que impulsó la construcción de viviendas cercanas a las fábricas azucareras, resultando los trabajadores del ingenio “Adolfo López Mateos” de Tuxtepec, Oaxaca, los primeros en recibir dichos beneficios.
En ese sentido, animados por las conquistas obtenidas por parte de su dirigente histórico nacional, José María Martínez (Chema Martínez), los trabajadores de Pedernales iniciaron el proceso de solicitud para obtener los beneficios que sus homólogos de Oaxaca recibieron. Al respecto, Octavio León Infante, Secretario General de la Sección No. 78 durante ese contexto histórico, comenzó con las gestiones correspondientes. Las noticias no pudieron ser mejores: el Ingenio de Pedernales resultó beneficiado con 126 viviendas. El Ingeniero Alarcón, oriundo de la ciudad de México, fue comisionado para entregar el proyecto. Mediante el sistema de escalafón (antigüedad), los obreros del Ingenio de Pedernales fueron adquiriendo sus nuevas propiedades.
Mientras tanto, el Secretario General de la Sección No. 78, Octavio León Infante, mediante una asamblea con sus agremiados, definieron por unanimidad que la nueva Colonia tuviera por nombre “Gilberto Guido,” quien tuvo el mérito de ser el primer Secretario General de la Sección 78 (1937), y que tanto defendió los derechos de los trabajadores durante su gestión como Secretario General. Por su parte, y en común acuerdo, a los andadores de la mencionada Colonia también se les colocó el nombre de algunos de los obreros fallecidos, a saber: Alejandro León Juárez, Fortino Calderón, José Guido, Pedro Sánchez, entre otros trabajadores cuyos nombres se nos escapan del recuerdo…
Finalmente, el 29 de septiembre de 1976 quedó terminada esta unidad habitacional. En la ceremonia de inauguración se contó con la presencia del dirigente histórico nacional azucarero, José María Martínez. En un ambiente de algarabía y frenesí, en los años posteriores se anunció la creación de una moderna segunda etapa de construcción de viviendas; sin embargo, la inexperiencia de los nuevos líderes nacionales, más la terrible crisis económica que azotó al país en 1982, derivada de la dependencia petrolera, provocó que la esperanza de la nueva iniciativa se esfumara de manera repentina. A pesar de que los terrenos para el proyecto de la segunda etapa estaban ya disponibles, los nuevos beneficiados solo obtuvieron como consuelo el predio más una suma módica de dinero.
Hoy, al cumplirse 50 años de la mencionada fundación, la Colonia Obrera de Pedernales se yergue como testimonio vivo de aquella conquista colectiva. No es solo un conjunto de calles y viviendas; es el eco de una generación que soñó con techo propio, con raíces firmes y con un futuro que ya no dependiera únicamente de la zafra. Este aniversario nos invita a mirar atrás no con nostalgia, sino con orgullo: porque lo que un día fue una demanda justa, hoy es el corazón de una comunidad.