26 septiembre, 2021
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ARENA SUELTA. LEGÍTIMOS ANHELOS…

Dr. Tayde González Arias      Analista

22 julio 2021.-El anhelo de un pueblo se viste de gloria cada que tiene una esperanza de una mejora, pues considerar vivir mejor pareciera que es una premisa y necesidad que crece inmediatamente después  a que vemos la vida. Como cada vez que nos sale el sol y encontramos emoción, el tener un nuevo día para gozar y agradecer por ello, del mismo modo, pensar en poder darle a los que más amas, más amor, cariño o aquello que por condiciones económicas no se ha podido entregar.

Se dicen que soñar no empobrece, y por eso también podríamos considerar que anhelar tampoco lo hace, sino por el contrario, animan a ser mejor y a hacer mejores acciones, buscando el bienestar como fin primario y como objetivo último la felicidad.

El deseo intenso, cuando está inspirado en la buena cosa, tiene un buen fin y obtendrá resultados positivos, porque el impulso y la constancia nunca son medios equivocados y siempre encuentran los resultados esperados. Posiblemente se lleve toda una vida en tener lo que anhela, pero cuando se obtiene se prueba el elíxir de la satisfacción cumplida.

Los anhelos de los abuelos, por ejemplo, viven en muchos de nosotros como parte de nuestra herencia, si es que ya se fueron, pero si aún viven y no los pudieron lograr, recae en muchos de nosotros encontrar los medios para ver sus rostros felices por hacer aquello que tanto quisieron, o del otro modo sentirnos realizados de haber alcanzado nosotros con nuestro empeño ello o eso.

Los anhelos crecen, no es algo que se pueda diluir tan fácil, posiblemente se duerma pero en cualquier momento puede despertar con mucho más ánimo, eso se debe a que hay satisfacciones que se deben lograr por simple ego, por necesidad o por orgullo, y estos sentimientos son fuertes y poderosos y su afán, como su logro, abona a la seguridad en la vida o al desgano por vivir.

Vivimos de anhelos, porque anhelamos el bien para nosotros, aunque para otros no lo sea, porque cuando anhelamos ser mejores, se vuelve un circulo virtuoso que salpica a los que nos rodea y entonces todo se vuelve mejor porque involucramos a los demás en el logro de nuestros sueños. Hubo gente que anheló una vida mejor para los otros, que exigió igualdad y derechos para todos, y hoy, blancos pueden contraer nupcias con gente de color y viceversa, también hubo los que anhelaron unir países mediante la paz y lo lograron, no pudo tener el mundo a mejores hombres y mujeres que aquellos que anhelaron y anhelan el amor sin arma más grande como escudo que su corazón.

Frente a los embates que sufre la humanidad; buscados, ganados y gratuitos siempre nace el anhelo de superación, de seguir y cual ave fénix, resurgir de entre las cenizas.

El anhelo como países en vías de desarrollo es alcanzar un nivel óptimo de vida para los ciudadanos que aquí habitamos, es alcanzar la calidad de los servicios y erradicar el hambre, la desigualdad, la miseria humana que se traduce en corrupción y demás abusos, a los que somos proclives cada que perdemos la brújula y el sentido del paso por la vida que se resume a alcanzar el bien común.

Los mayores anhelos de las familias es que los hijos vivan mejor que los padres y que no se olvide sino que se eleve el legado de los abuelos, que el apellido perdure y que cuando se hable de los López, los González, los Hernández o los Pérez (por ejemplo), se haga con respeto y, si es posible, admiración, vamos, que su pronunciación por sí sola guarde todo aquello que sembró como estirpe o dinastía.

En la actualidad se anhela de la sociedad coincida en el humanismo,  que no pierda el sentido de admiración, ni de respeto y asombro, que no seamos ajenos al dolor del otro, que nos importe el hermano y el vecino, que sin que nos entrometamos en la vida de los que nos rodeamos, seamos considerados frente a su necesidad de frío, para dar arropo o dé calor para proporcionar frescura.

De nuestro país es necesario que viva el anhelo de estar mejor, de que funcionen con optimismo y eficiencia cada área de gobierno, que las decisiones del ejecutivo que está por entrar en funciones, no caiga en tropiezos que cueste más desembolso al bolsillo y mayor cansancio al labriego al que han dejado enjuto hasta los huesos. Los anhelos míos como los de muchos son que se respete el medio ambiente y que se produzca sin explotar, que se crezca en lo sustentable y se gobierne desde el sano sentir y no desde oscura ultranza.