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Arena suelta. Compromisos y acuerdos por México…

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Los acuerdos políticos suelen pactarse bajo plena conveniencia, intervienen intereses personales y económicos (casi siempre), que suelen imponerse al interés social general. Es peligroso que la autoridad o el gobierno en cualquiera de sus niveles se preste a negociaciones “por debajo de la mesa” o a modo, solo para evitar confrontaciones, desavenencias o algún tipo de problema. Pues es más fácil hacer lo  que quieren, sin que se les moleste.

 

Resulta hasta insultante pensar en que elegimos a personas para gobernarnos con tan poca ley a su palabra que, mientras en un proceso electoral prometen “las perlas de la virgen”, trabajan tan poco por los incautos y pobres partidarios que solo alcanza su labor para sumar un paso más a la incredulidad en la política y los políticos, manchando una labor que debería otorgársele a los sabios en experiencia y academia, así como a los probos de moral y ética.

 

No hay de dónde tomar ejemplos desde hace tiempo, en cuanto se refiere a principios definidos o a estatutos respetados dentro de los partidos políticos actuales, incluso algunos nacen, otros desaparecen y suele ser lo mismo, cuando se trata negociar y tener en sus manos la posibilidad de poder, así sea para repartirse los cargos públicos o para lograr beneficios con sus empresas o negocios. Es una lástima que estas prácticas sigan tan vigentes y sea por lo que se distinga el sistema político de nuestro país.

 

Si bien es cierto que es mejor negociar sin presiones y en el marco de la razón y el bien común, se necesita de madurez y entendimiento total entre los actores políticos para pensar en el bien de la nación como fin superior, eliminando todo pensamiento arcaico en donde exista la posibilidad de endiosarse en una sola idea o sólo los colores de su partido, cerrándose a la posibilidad que exigen las mejores tendencias políticas democráticas del mundo, en donde se escuchan todas las ideas y se opta por aquellas que, vengan de donde vengan, sean las mejores para la comunidad, el país o el mundo.

 

Los que han denominado el gobierno electo como el de “la cuarta transformación”, debieran de considerar que en el año 2000, con la llegada de Fox, se pensaba con ansias  en un cambio que no llegó, y también deben sopesar que se trata en mucho de “la misma gata, pero revolcada” porque los actores o titulares en las dependencias propuestos son gente que antes ya estuvo, y brilló por ser parte de eventos deleznables para la nación, ¿Por qué ahora si harán las cosas diferentes, si ya se les ha pagado para ello y antes han atentado contra la nación, la voluntad y la libertad de los ciudadanos?, es difícil de creer  en el sequito de mujeres y hombres que nacieron azules y se han hecho guindas, o que siendo tricolores ahora se arropan por el color magenta.

 

Los nuevos gobiernos estatales en nuestro país se han constituido y erigido como aliados del nuevo gobierno por comenzar en el mes que entra, en la república mexicana, aunque también hay otros que según sus declaraciones serán un contrapeso  de AMLO, como el caso de Alfaro en Jalisco, sin embargo, para el bien de cualquier entidad es mejor que quien gobierne procure la paz y la buena relación con las autoridades federales a fin de aterrizar los recursos que se necesitan y cuyo beneficiario sea el ciudadano y no vivir en pleito, evitando mejoras en sus demarcaciones.

 

El gobierno federal, por comenzar en el mes de diciembre, debe aclarar el tema de los delegados que pretende (según sus declaraciones) mandar a cada Estado, pues la soberanía del municipio, o la de las entidades que conforman el pacto federal, no es un sombrero que se pueda quitar y poner.

 

En el caso de Michoacán, ya se ha contado con la presencia de un delegado, que aunque se le limitó en sus tareas a la materia de seguridad,  sí hizo mella en la sociedad michoacana, sin cambios significativos, más que su interés por terminar por las guardias comunitarias.

 

Se vislumbra la posibilidad de un acuerdo político en donde lo que se pacte sea la autonomía de los pueblos de México, y el respaldo del gobierno federal, en donde se cumpla lo que se prometió y el discurso sea serio y no que se cambie según convenga, es posible para nuestra nación la incorporación de nuevos y preparados perfiles en áreas relevantes del gobierno, quitando los compadrazgos, eliminando el golpeteo y atendiendo a la buena política que nos encamine al desarrollo que, ya de por sí, nos está olvidando.

 

Para eso personalmente ofrezco mi persona, y sé que muchos más también lo harán, si se trata de trabajar por México.

 

 

 

 
   
 
   
 
   
 

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