Home Columnas Breve crónica de agravios y atropellos a la cultura en Pátzcuaro, Michoacán

Breve crónica de agravios y atropellos a la cultura en Pátzcuaro, Michoacán

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Un optimismo fundado

A pesar de que el trabajo en el Ex Colegio Jesuita implicaba un doble esfuerzo, darle un uso y destino dignos, y defender la posesión del edificio del acoso de otros grupos y de dependencias del gobierno mismo, los miembros del patronato veían con optimismo el futuro de ese centro cultural, pues a medida que pasaban los años se incrementaba su capital social, que era el trabajo mismo en condiciones difíciles, pero con una gran autoridad moral. Por lo mismo veían difícil que se repitieran los atropellos que sufrieron proyectos culturales del pasado de la ciudad; ninguno de aquellos proyectos había alcanzado a consolidar resultados como el del Ex Colegio Jesuita.

 

Recordando esos proyectos, primero fue la escuela de teatro-pantomima de Sigfrido Aguilar, que por incomprensión y envidia los artesanos de la Casa de los Once Patios consiguieron hacer emigrar a Guanajuato, donde esa institución continúa cosechando prestigio a nivel internacional. Esto fue a mitad de la década de los setentas del siglo pasado.

 

Luego la Escuela de Pintura Manuel Pérez Coronado (MAPECO), que a principios de los ochentas liquidó el Instituto Michoacano de Cultura, sin importarle lo que había significado para Pátzcuaro: el único lugar de difusión cultural de la ciudad en condiciones muy difíciles de recursos, por cerca de una década, donde se formaron los pintores actuales, con lo cual se interrumpió el proceso de formación de nuevos pintores.

 

Por los mismos años había funcionado el Museo de Arte Contemporáneo de Pátzcuaro, cuya obra se había conjuntado gracias a la generosidad de decenas de pintores michoacanos y nacionales, buen número de ellos de prestigio nacional e internacional; en 1988 el Instituto Michoacano de Cultura y la Casa de Artesanías determinaron desmantelarlo. Se llevaron la obra y al parecer nadie sabe dónde se encuentra.

 

Es sintomático que esos tres proyectos culturales hayan nacido en la Casa de los Once Patios, y que hayan muerto en el mismo lugar a manos de los artesanos, quienes por presiones y por los espacios conquistados, han venido a parecer los hijos predilectos del antiguo régimen.

 

Ese optimismo fundado se fortaleció con el arribo del gobierno de Lázaro Cárdenas Batel y su discurso demandante de participación ciudadana en las acciones de gobierno. Había llegado el momento de que la revolución nos hiciera justicia... (Continúa en la séptima y última parte)

 
   
 
   
 
   
 

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