Home Columnas Breve crónica de agravios y atropellos a la cultura en Pátzcuaro, Michoacán

Breve crónica de agravios y atropellos a la cultura en Pátzcuaro, Michoacán

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La propuesta del patronato

En cuanto a la restauración, el Patronato se planteó ser respetuoso del programa arquitectónico original, atendiendo las leyes y recomendaciones nacionales e internacionales en la materia; fuimos conservadores en ese importante aspecto. En cambio, en cuanto al uso y destino, el patronato compartió más las posiciones que ven en un edificio histórico a un organismo vivo que tiene que integrarse y responder a las necesidades actuales de la sociedad, que tiene que buscar su autosuficiencia de manera digna, que no desmerezca de un espacio con historia y tradición.

Esto quedó planteado desde el primer texto impreso que utilizó el patronato para la promoción del proyecto de restauración en 1991:

“El rescate y animación del recinto jesuita, antiguo Colegio de Michoacán, tiene como objetivo fundamental la sustentación de sí mismo, dinámica que lo mantendrá útil y activo como vaso comunicante de la cultura, cuya extensión es la función en virtud de la cual se materializa la tradición y producción artística, intelectual y artesanal de los mexicanos...

“...Al rescatar el inmueble jesuita se pretende su revitalización, convirtiéndolo en un recinto cultural y educativo a partir del cual sea posible recuperar las esencias culturales y las tradiciones inherentes al legado de Vasco de Quiroga, de los agustinos fray Alonso de la Veracruz y fray Diego de Chávez, y de la Compañía de Jesús.

“Así, hoy se podrá expresar en este recinto el espíritu de la sociedad contemporánea a través de un centro multidisciplinario que integre la extensión universitaria, una escuela de restauración en bienes muebles e inmuebles, talleres para las bellas artes y el rescate y rehabilitación de antiguas artesanías locales, un museo dedicado a Vasco de Quiroga y un laboratorio de idiomas...

Para desarrollar este centro multidisciplinario era menester contar con seguridad jurídica en la posesión del inmueble, cuya propiedad es del gobierno del estado. Por ello, mientras transcurría la restauración se iniciaron gestiones con el gobierno estatal solicitando la entrega del edificio en comodato. Terminada la restauración en noviembre del 94,  no se tenía respuesta alguna a la solicitud de posesión bajo esta figura legal; el patronato tampoco la tendría en los siguientes años.

La propuesta era, y sigue siendo, un centro multidisciplinario, aunque con el tiempo tuvo variantes en cuanto a contenido. Así, se contempló un proyecto dedicado a la educación artística y la difusión cultural, cuyo propósito es crear un ambiente favorable al disfrute de las bellas artes y de los servicios culturales, con la idea de elevar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad y de su población turística; y varios proyectos de corte académico alrededor de actividades identificadas como características de la ciudad y región de Pátzcuaro, tales como la cultura purépecha, el turismo y las artesanías, las cuales se buscaría potenciar al máximo de aprovechamiento a través de la investigación y elaboración de estudios, la formación y capacitación. Cada una de esas actividades darían lugar a una instancia académica, que serían:

•                                           Un Centro de Estudios de la Cultura Purépecha

•                                           Un Centro de Estudios del Turismo

•                                           Un Centro de Diseño y Desarrollo Artesanal

 

Para la educación artística y la difusión cultural, el proyecto era la creación de la Academia de Bellas Artes.

De hecho con este proyecto se iniciaron las actividades de uso y destino del Ex Colegio Jesuita, recién restaurado. En octubre de 1994 se comenzó con el montaje de la Academia de Bellas Artes, cuyo financiamiento en coinversión acababa de aprobar el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, FONCA, para iniciar actividades al público en enero de 1995. En función de los resultados, esta institución volvió a financiar el proyecto en dos emisiones posteriores:  1997-98 y 2000-01.

La Academia de Bellas Artes tenía dos ejes de trabajo: la educación artística y la difusión cultural. En cuanto a la primera, se impartían talleres sobre las siguientes disciplinas artísticas: danza, en las modalidades ballet, danza contemporánea, flamenco, folklórica; en música, coros infantil y adultos, piano y guitarra; literatura, teatro, artes plásticas.

En cuanto a difusión cultural, por primera vez la ciudad contó con un programa sostenido de actividades artísticas y culturales, tales como audiciones musicales, presentaciones de danza, teatro, exposiciones, recitales de poesía, presentaciones de libros, conferencias, proyecciones de cine, etc.

Como eventos especiales, se instituyó un festival anual de piano en la primavera de Pátzcuaro, que tuvo tres ediciones, 2000-02, conjuntamente con la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes, en el que participaron los mejores pianistas de México. Se realizó, junto con dependencias de gobierno y ONGs, la primera feria de información ambiental, que del 24 al 27 de octubre de 2001 tuvo más de 23 mil visitantes; la feria implicó exposiciones, talleres y actividades artísticas relacionadas con el medio ambiente.  Se realizó en abril de 2002 una primera feria del libro infantil y juvenil, con la participación de más de 3 mil asistentes entre niños, maestros y padres de familia. Un festival de graffitti y Rock,, con una amplia participación de jóvenes. La festividad de Noche de Muertos cada año mereció un concierto de Jorge Reyes y otros artistas renombrados.

Algo muy importante fue la constitución el 19 de julio de 1997 del Grupo K’uanísckuiarani de Estudiosos del Pueblo Purépecha, que adoptó al Ex Colegio Jesuita como su sede para las reuniones bimestrales de presentación de trabajos de investigación en proceso, sobre los más variados temas de la cultura purépecha, histórica y actual. Son miembros del grupo antropólogos, arqueólogos, etnólogos, historiadores, lingüistas, sociólogos, etc., de las principales instituciones de educación e investigación superior del país, que se reúnen cada dos meses en el Ex Colegio Jesuita a conocer y discutir interdisciplinariamente trabajos de investigación de sus miembros; su participación en este grupo se da al margen de sus respectivas instituciones de trabajo, nada más por el gusto de identificarse con quienes están haciendo investigación en el área purépecha y de poder intercambiar información para enriquecer su propia visión sobre los temas de estudio. Por fortuna este proyecto ha podido continuar con las nuevas administraciones del Ex Colegio Jesuita. (Continúa en la quinta parte)

 
   
 
   
 
   
 

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