Home Economía Arena suelta. “El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe”

Arena suelta. “El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe”

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Para que algo nos importe debe estar relacionado directamente con nosotros o con nuestros seres queridos, las pocas cosas que compartimos con los demás dejan de tener valor e importancia cuando no vemos beneficio propio o para los nuestros, el carácter del “yo” ha superado en muchos aspectos el nosotros, y entonces nos mostramos ajenos, desconocemos, ignoramos por gusto y a veces hasta repudiamos las exigencias que otros hacen para salvaguardar justicia, democracia o respeto.

Consideramos que no es nuestro problema la asistencia y el apoyo al conductor que se encuentra detenido a bordo de carretera, porque no tiene refacción que colocar en el neumático que se le ha dañado, producto del mal camino, y porque la última vez que supimos de algo similar en donde alguien se detuvo resultó que se trataba de un asalto en donde todo era fingido.

Vivimos en la zozobra, el temor, miedo o el olvido, cerramos las casas con rejas de hierro, cadenas y grandes candados, si llaman a la puerta para hablar sobre temas religiosos anteponemos las creencias y no solo no les decimos gracias sino que además les corremos. La intolerancia y la desatención pululan en estos tiempos.

Creemos que los políticos roban porque, siendo diputados, se alzan el sueldo y alcaldes o gobernadores  despilfarran  e inflan cuentas, gastos de obras y desvíos de cientos de millones, creemos en nosotros porque creyendo que somos dueños de la verdad absoluta, señalamos y culpamos  sin tener pruebas y porque los demás culpan también nosotros lo hacemos, tornándonos jueces de otros, señalando los errores, porque si la mayoría hace entonces también yo debo de hacerlo, y aunque pudiéramos tener la oportunidad de investigar o preguntar si ese algo es cierto o falso, nos dejamos arrastrar por la turba que engaña fácilmente y hace migas con la pereza para no permitirnos decir más que sea distinto, y pueda dar trabajo para hacer una defensa a una forma que parezca más compleja de ver las cosas.

Nos hemos vuelto como los productos que se elaboran en serie, con el mismo código de vestir en colores, modelos y sabores, no somos diferentes en el sur o el norte, tanto así que las tiendas de conveniencias llevan la misma cantidad de “XX” y venden las mismas cosas, y creyendo que por comprar ahí, somos o tenemos igual o lo necesario que todos, aunque los precios sean más altos que la tienda de la señora de al lado.

Los tonos al hablar que mostraban de donde éramos se siguen escuchando igual pero ni el calor o el frío han podido superar sentirnos “estar al día” solo por adquirir aquello que por traer una manzana suele ser más caro, aunque no sepamos del todo usar por no estar hecho para este mercado, y aunque sus fabricantes se refieran al  mexicano con palabras de desprecio, nada nos ha de importar mientras estemos comprando vanidad y con eso nos estemos alejando del valor y la comodidad que nos da, no estar conectados a la web, al chat o los juegos pagados.

Que queda de nosotros de los padres o los abuelos, si olvidamos casi todo, basta con ver el número de ancianos en situación de calle, qué  nos evitaría dejar de  pensar que también deshabitan nuestra mente y corazón “los de la tercera edad”,  que fueron fuerza y ahora tienen la voz de la experiencia, y aún hay más que eso porque si nos pudieran decir esas cabezas blancas lo que ha pasado y que seguro nos ayudarían, para no seguir comprando o seguirnos equivocando, entregándonos a quienes no debemos, andando con amigas y compañeros equivocados e incluso votando por los que han robado, pero que regresan al otro día con nuevo cuento y con nuevas siglas y hasta vamos y gritamos, para que nos den un día, y vivir mal por tres o seis años.

Si una vez que reflexionamos, cómo estamos y a dónde vamos decidimos si seguimos o nos quedamos, será como dice el dicho que dice que “el que por su gusto muere hasta la muerte le sabe”, aunque es relevante tener en claro que las  marcas que nos venden solo las sigamos comprando, cuando esté todo pensando evitando pensar que eso nos va a dar glamour o elevan la clase o rango.  Y antes, nunca olvidar que en el barro bien trabajado, el hilo bien cocido o un petate bien armado, guardan toda la belleza, y el color de nuestra única y autentica cultura mexicana.

 

 

 

 

 
   
 

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