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¿Cómo son tus pensamientos?

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Quizás sea repetitivo, pero si queremos ser o tener, lo que imaginamos, lo que anhelamos, lo que soñamos, debemos cambiar nuestros hábitos diarios, de lo contrario, seguiremos sumidos en la opacidad, la mediocridad y la pobreza.

 

La mayoría de nosotros, amable lector, hemos sido empleados o conocemos a gente que lo es, y fuimos testigos de que la mayoría de esas personas tienen ideas, pensamientos y acciones mediocres, de pobreza, que para nada influyen en ser exitosos, fuertes, importantes. Que es a lo que muchos aspiran. ¿Cuáles, dirás?

 

Es muy común escuchar a las personas decir que un problema llama a otro y que cuando tienen una dificultad caen todas juntas y que por lo tanto cómo van a mantener una actitud optimista ante la vida, si parece que esta los mantuviera sumidos en una vorágine de malas noticias. Muchas otras personas se cuestionan cómo progresar, como tener una buena actitud, si su vida los agobia con una tristeza tras otra. Yo más bien pregunto: ¿y es que una mala actitud, una baja energía, un marcado pesimismo, va a ayudarles a salir de la difícil situación en la que se encuentran? Obviamente, no.

 

La mayoría de las personas se mueren sin saber para qué eran buenos: vegetan en un trabajo, se acomodan a él, incluso, empiezan a tener los comportamientos que anteriormente deploraban. ¿Cuáles? La sonrisa que se repite cada 15 y cada 30/31 del mes, cuando llega el sueldo: odiar los lunes, amar los viernes, concentrarse en cuánto va a ser el incremento del salario para el año entrante, empezar a hablar de temas como la pensión, jubilación, preocuparse por la prima o bonificación periódica, por el FONART, y otras conductas lamentables. No estoy en contra de los empleados, sino en contra de trabajar en algo que no disfrutes ni concuerde con aquello para lo que viniste a este mundo; con algo con lo que no vibres. No hay reencarnación garantizada, es vital encontrar el para qué vine a este mundo, no solamente por satisfacción personal, sino también como propósito para obtener más ingresos y no depender del gobierno o de algún pariente millonario que no existe.

 

Hay otras personas que culpan a la economía del país, si la economía está bien, dicen estar bien, si la economías está mal, por consiguiente, ellos están mal. Eso es falso. Una persona con educación financiera y con un para qué claro progresa en épocas de dificultades económicas o de bonanza. Claro que influye, pero no de forma determinante.

 

El mayor riesgo es vivir una vida mediocre, por debajo de tus posibilidades y en la que el miedo es protagonista, no tus sueños.

 

Hay un dicho extranjero que se aplica perfectamente: la misma agua que endurece un huevo, ablanda una papa. No son las circunstancias las que importan, de lo que se trata es de la actitud con la cual se afrontan y de cómo esta facilita la consecución de las cosas, no solamente materiales, sino espirituales.

 

Es un acto verdaderamente irresponsable morir pobres teniéndolo todo para ser ricos y dejando en medio de ríos de lágrimas, sangre y deudas a aquellos que dependen de cada uno de nosotros, poniéndolos a sufrir cuando en vida se les puede haber dado mejores resultados.

 

Mientras tú crees que el mundo, la economía o tu país están en crisis, muchos se hacen millonarios con tu pesimismo.

 

En ocasiones, y esto es algo muy arraigado en nuestra cultura mexicana, se tiende a creer que las dificultades y las crisis aparecen en nuestras vidas porque Dios lo quiso así y que saldremos de ellas si Dios quiere que así sea. Y como estas frases hay otras que usan muchos cotidianamente que refuerzan esa creencia de que las cosas ocurren por una voluntad que es divina y totalmente ajena a nuestro control.

 

Lo que pienso al respecto es que Dios quiere de nosotros ante todo determinación. Dios quiere actitud. Dios quiere que con todo lo que te ha dado, progreses y hagas progresar a muchos más. Él no quiere tanto lamento, ni tanta resignación amañada. Hay una frase que me gusta mucho: reza como si todo dependiera de Dios, pero trabaja como si todo dependiera de ti. Pienso que la actitud ahí también es determinante. No dejárselo todo a Dios o no decir que esto no funcionó porque Dios no lo quiso, no, no, no, ¿dónde está tu perseverancia, dónde está tu actitud, dónde están tu determinación y tenacidad? Recuerda: el universo te toma fotos, si te ve muy determinado, te manda lo que te mereces, califica con más merecimientos. Pero si simplemente estás resignado y mandas mensajes de derrota todo el tiempo, ¿Qué te va a mandar el universo? Lo que estás recibiendo.

 

Se trata entonces de no dejar todo a la deriva y esperar a ver qué sucede. Es libre quien toma las riendas de su vida. No el que reza y espera que las cosas cambien por sí mismas y como un milagro. Hay que ayudarse uno mismo y cambiar la mentalidad perezosa y conformista de quien se sienta a ver cómo pasa el tiempo.

 

Cuando eres capaz de vencer esa vocecita interior que te limita, que te paraliza, te conviertes en el capitán de tu vida y amo de tu destino. Adelante...

 
   
 
   
 
   
 

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