Home Columnas Arena suelta. ¡Verdugo de México, el desalmado Trump!

Arena suelta. ¡Verdugo de México, el desalmado Trump!

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La falta de sensibilidad es una de las cualidades que notoriamente hemos venido perdiendo los seres humanos, manifestándose en los altos niveles de egoísmo, soberbia y desvalorización del uno por el otro, en estas prácticas y malos momentos no se salva nadie, de modo que las niñas y los niños han sobre pasado lo que en su momento solo eran disgustos o corajes pasajeros, pues la realidad que enfrentamos en las que los propios infantes arma en mano asesinan, roban y se desprenden de la vida de familiares amigos y desconocidos nos dan una radiografía del grado de descomposición social en la que vivimos.

Los intelectuales han creado nuevos conceptos para describir o acercarse a calificar las realidades sociales a nivel mundial desde hace algún tiempo se habla por ejemplo de la mundialización o globalización como procesos que nadie puede detener y que han acabado por reservas naturales, enriquecido a unos cuantos y alejado al hombre del hombre incluso del saludo que cada mañana o tarde que se cruzaban por el camino o la vereda se daban, los buenos días y las buenas tardes no solo dejaron de ser tradición en las ciudades, también en los pueblos. 

El habla española usa términos ingleses para referirse al acoso escolar y laboral, de modo que se han eliminado fronteras cuando de deshumanización se trata y entonces la condición humana se acerca a una miseria en la que se respeta al tramposo y  denostar al mejor samaritano.

No hace falta gran investigación, ni mayor ciencia para aseverar que como las bolas de nieve que crecen rápidamente, pasa lo mismo con el mal que representa el olvido del significado y lo que encierra ser hombre, mujer, y ser humano. Lo más grave al respecto es que los liderazgos justamente sean hombres y mujeres cuyo rencor interno y social lo han de verter a otros; séase grupos, personas o naciones enteras, debería ser difícil dejarse llevar por lo malo, pero cuando vemos como se duplica y crece, frente a lo bueno, las cosas es tan grave que solo a través de rehumanización se podría revertir del crecimiento de  aquellos que son ciegos al hambre, al dolor, al desgano o a la entrega de sus hermanos.

No ha sido para nadie ajeno de los desdenes por los mexicanos e indocumentados o migrantes en general del hombre que tiene la presidencia de Estados Unidos de América, al que si bien se le respeta la voluntad mayoritaria de los ciudadanos que entregaron el mando del país más rico del mundo a una persona con las características que éste tiene, lo cierto es que no representa ni esperanza, ni paz y menos tregua o afecto alguno a los hombres y mujeres que como él también sienten, aman y lloran, lo que no se puede definir de otra manera más que con la de un desalmado, irrespetuoso y enemigo de los pobres, necesitados y además de ser un mal vecino.

Es mejor la valentía cuando se necesita, se aplaude más la solidaridad cuando es necesaria su presencia, de tal suerte que para enfrentar a aquellas y aquellos desalmados, antes que lagrimas o arrodillarse debe pensarse con inteligencia, debe darse lo que los mexicanos definimos como “cachetada con guante blanco”, lo que al parecer sucede con aquellas y aquellos que sin querer a los mexicanos o los latinos en el país del norte son testigos de los logros y triunfos en las artes, la tecnología  o la ciencia, solo por mencionar.

Los seres humanos no tendríamos que demostrar nada a nadie para ganar el respeto y para interactuar con decoro, pero como alrededor de nosotros habitan males que se han vuelto canceres como lo es la corrupción, el abuso de confianza, el fraude  e incluso cosas simples que afectan en gran magnitud como el chisme, resulta imperante y de atención inmediata, volver a creer en la palabra y empeñarla para su cumplimiento, volver a ver los ojos y encontrar en la mirada honestidad y nunca tocar la piel de alguien más sin consentimiento,  porque siendo el órgano más grande, no solo nos cobija sino que  también percibe la frialdad de los manos y el calor de los buenos corazones.

 

 
   
 
   
 
   
 

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